viernes, 26 de diciembre de 2014

Proclamar que Jesús es el Hijo de Dios




Saulo pasó varios días con los discípulos que estaban en Damasco, y en seguida se dedicó a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios. 
Hechos 9:20.


Lectura: Hechos 9:1-31.  Versículos del día: Hechos 9:19b-20.

MEDITACIÓN DIARIA

Saulo de Tarso, posteriormente llamado Pablo, después de conocer al Señor Jesús cambió totalmente su actitud hacia los primeros cristianos. El mismo Señor se le presentó en una visión cuando iba hacia Damasco con el ánimo de buscar nuevos creyentes y perseguirlos, hasta que tiene un encuentro personal con Él: “En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: —Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? —¿Quién eres, Señor? —preguntó. —Yo soy Jesús, a quien tú persigues —le contestó la voz—”  (vv. 3-5).
Si bien es cierto que no todos tenemos esa clase de experiencia ni muchos han obrado con tanta saña como con la que Saulo se dedicó a perseguir a los de la primera Iglesia, sí podemos decir los cristianos que tenemos un, antes y un después de Cristo. Todos reconocemos que Jesús ha intervenido en las áreas de nuestra vida de manera contundente y determinante. Y si esto es así, ¿por qué no nos levantamos también para compartir a tantos que hay a nuestro alrededor, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios? Adeptos a otras religiones no cristianas,  buscan la manera de un modo u otro de llegarle a la gente, y no tienen pena de pararse en las esquinas con su material de predicación, mientras que nosotros tal pareciera que nos sonrojamos del Evangelio. El mismo Pablo en una de sus cartas señaló: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles” (Romanos 1:16).
Pidámosle al Señor que su Santo Espíritu nos llene de sabiduría y denuedo para no quedarnos callados y anunciarles a los que no creen, que Jesús, el niñito nacido en Belén, vino al mundo para salvarnos del imperio infernal.

Amado Jesús: Queremos ser unos ‘Pablos’ que sin temor y con convicción total demostremos y hablemos al mundo que Tú eres el Mesías prometido, el Salvador de la humanidad y que si no hubiera sido por tu nacimiento, no tendríamos ahora la gracia de conocerte y creer que eres el Hijo de Dios que padeció y murió por nuestros pecados. Gracias Jesús por tu obra redentora.

Un abrazo y bendiciones.

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