viernes, 24 de enero de 2014

El Señor también llora por nosotros




¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste! 
Mateo 23:37.


Lectura: Mateo 23:37- 39.   Versículo del día: Mateo 23:37.

MEDITACIÓN DIARIA

El Señor sabía cómo habían tratado a los profetas en Jerusalén y que Él no iba a ser la excepción.  Por Isaías y Jeremías podemos analizar la suerte que corrían los verdaderos profetas. El Señor se lamenta por su amada Jerusalén al ver el corazón tan endurecido de sus gentes; por eso dijo que nadie es profeta en su tierra (Marcos 6:4).
No pensemos en Jerusalén; pensemos en nuestro pueblo, en cada uno de nosotros mismos. Creo que así como el Señor se lamentó por Jerusalén y quizá lloró por ella; ahora se lamenta también porque nuestras ciudades están llenas de corrupción, de depravados e inconscientes que no aceptan su Palabra y hacen mofa de ella.  ¿Cuántas veces el Señor habrá llorado por nosotros?  Quizá por ti y por mí.  Creo que muchas.  Cuando no hacemos su voluntad sino la nuestra, somos una Jerusalén más. Cuando hemos querido que nos bendiga pero ponemos todos los tropiezos posibles y no dejamos fluir esa bendición, personalmente,  considero que el Señor se entristece.  La Palabra de Dios dice que el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos indecibles.  
No critiquemos a la Jerusalén del tiempo del Señor.  Ahora Él también quiere darnos calor y abrigo debajo de sus alas y somos renuentes a dejarnos consentir; a sentir su protección y amor, porque por encima del Señor están otros intereses que ahogan su bondad.
Tú eres la Jerusalén amada por Jesús; por ti también se ha lamentado; a ti ha querido cubrirte, resguardarte y mostrar sus proezas en tu vida.  Ya no sigas más rehusando su perdón y compasión.  Déjalo entrar a tu corazón y ábrele las puertas de tu vida de par en par.

Amado Señor: No solamente los que no te conocen te han hecho sollozar.  Nosotros los que decimos haberte recibido y creer en ti, también hemos sido desobedientes y sordos a tu voluntad.  ¡Perdónanos buen Señor! Igualmente te pedimos por todos aquellos que no han querido voltear los ojos hacia el Salvador para que su corazón se ablande y puedan dejarte seguir. Rogamos porque permitan que entres en su corazón  y puedas manifestar tus poderosas obras en sus vidas.

Un abrazo y bendiciones.

2 comentarios:

pedro dijo...

Jerusalén, es nuestra casa,nuestro templo,nuestro corazón. Lo material si es importante, sin idolatrarlo.

Dora C. dijo...

Gracias por el comentario; el Señor le bendiga.

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