miércoles, 15 de julio de 2009

La llevaré al desierto y le hablaré con ternura

Por eso, ahora voy a seducirla: me la llevaré al desierto y le hablaré con ternura. Allí le devolveré sus viñedos, y convertiré el valle de la Desgracia en el paso de la Esperanza.

Oseas 2:14-15.

Al profeta menor Oseas, no le tocó nada fácil, Dios le ordenó tomar como esposa a Gómer, una prostituta porque tenía el propósito de mostrar a Israel a través de esa unión, la relación que Él como Dios tiene con su pueblo.

La vida en general no es fácil y en la cristiana hay que tener sabiduría y discernimiento para continuar diariamente, así la adversidad llegue. Hoy, cuando me dispuse a hacer el devocional, le hablé muy sinceramente al Señor y le dije que hablara a mi corazón y lo hiciera claramente para poder entender su propósito en mí. Al leer el capítulo 2 de Oseas, me quebranté porque sus palabras fueron tan directas y amorosas como solamente Él lo sabe hacer. “Ahora voy a seducirla”. Entendí ese seducirla como consentirla, atraerla, mimarla. “Me la llevaré al desierto”, pero no al desierto desolado, triste, largo y amargo, no. Me llevará al desierto de la intimidad, al desierto donde solamente estemos Él y yo, al desierto donde pueda hablarme con ternura y amor, para que yo logre entender y reflexionar sobre mi vida, muy seguramente esto era lo que buscaba Oseas en Gómer y ahora mi “amado Señor” desea lo mismo de mí.

Por eso me gusta tanto la canción “por un destello de tu gloria” porque es en ese instante, en ese segundo, cuando los lazos de unión están tan aferrados; cuando podemos verdaderamente tener esa intimidad arraigada. Estamos solos los dos, su presencia es inquebrantable y lo mejor sería que no terminara. Allí, como buen enamorado, hablará a mi corazón. Dice que devolverá mis viñedos y el valle de la Desgracia lo convertirá en el paso de la Esperanza. Gracias Señor por tu promesa y porque me regalas tu fidelidad, para que mi corazón siempre esté unido al tuyo.

Más no podía pedir. Es tan claro su mensaje y tan grande su amor, que aún me afirma que le diré: “esposo mío”. “Yo te haré mi esposa para siempre, y te daré como dote el derecho y la justicia, el amor y la compasión, te daré como dote mi fidelidad y entonces conocerás al Señor” Versos 16 y 19-20.

Mi Señor: ¡Esposo mío! ¡Amado mío! Gracias por ser tu consentida, por hablarme quedamente al oído; por llegar en el momento justo, cuando sabes que no puedo más, que estoy cansada y agotada. Gracias porque me conoces tanto, que esperas ansioso ese momento especial para departir conmigo. Gracias porque deseas que te escuche y así me lo haces entender. Perdona las veces que por hablar tanto no te doy tiempo. Mis afanes diarios me abruman y no me permito escucharte. Por favor no los tomes en cuenta. Sé que todo lo que me sucede es porque estás demandando mi cuidado y yo como necia no te pongo atención. Hoy que me reconfortas y levantas con tu amor, te digo: gracias, muchas gracias mi Señor, me has refrescado nuevamente. Amén.

Un abrazo y bendiciones.