jueves, 24 de noviembre de 2011

Señor, ¿a quién iremos?

Señor –contestó Simón Pedro–, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Juan 6:68.


Lectura diaria: Juan 6:60-71. Versículo para destacar: Juan 6:68.


ENSEÑANZA


La vida cristiana no es como desafortunadamente ahora muchos predicadores la pintan: carro, casa y beca; no, en mi concepto es un lindo camino de rosas pero hay que andar con cuidado porque sus espinas cortan y hacen daño. Cuando recibimos al Señor hay regocijo completo y todo lo empezamos a vislumbrar con nuevos ojos. Sin embargo el Señor como tiene que disciplinarnos como buen Padre que es, empieza su labor: “Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir” (Sal. 32:8). Venimos de un mundo egocéntrico donde traemos consigo muchos vicios y defectos y así digamos que no, nuestro Señor que nos conoce a la perfección empieza una labor de limpieza que duele. Creo que nadie puede decir que no ha pasado por aflicción en su conversión: toda persona nacida de nuevo ha tenido que dejar atrás el pecado porque precisamente es la obra de regeneración que Dios va haciendo en cada uno, y esto punza. A Jesús lo seguían muchos discípulos; no solamente los doce y al escuchar su palabra la consideraron muy dura y difícil de aceptar (v. 60), y resolvieron dejarlo. –Igualmente sucede ahora: la semilla se riega pero no toda cae en terreno fértil para que se cultive y de buenos frutos (Mt. 13:8) –. El Señor al ver que lo habían abandonado les pregunta a los doce: “–¿También ustedes quieren marcharse?” (v. 67). Simón Pedro, inspirado por el Espíritu le contesta: “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (vv. 68-69). Sí, ellos ya conocían a su Señor y sabían de hecho que Él era el Hijo de Dios, el dador de la vida y gestor de la vida eterna; que sin Él, ellos ya no podrían vivir. Era mucho lo aprendido a su lado y por más que vieran dificultades en su camino no darían marcha atrás.

Exactamente le sucede al cristiano: el desierto llega y con él la sed, la fatiga, la angustia, el desánimo, y todo lo demás que viene por añadidura porque es el momento propicio para que entre el enemigo y empiece a sembrar la duda y salirse con la suya. Pero también es ahí exactamente, donde tenemos que pararnos firmes y reconocer que tenemos al Dios que todo lo puede y dueño absoluto de cielos y tierra; al Dios que nada le queda grande. Es entonces cuando recapacitamos y decimos también: Señor, ya te conozco y sé quién eres. A pesar de los problemas no puedo ir en busca de ídolos, ni de adivinos o brujos porque ¡solo Tú, tienes palabras de vida eterna! Mi consejo es seguir adelante por el sendero de las rosas aunque a ratos nos espinemos, éstas nos llenarán de su perfume y su belleza. Al final de la travesía la recompensa vendrá.

Señor: solo tú tienes palabras de vida eterna.


Déjame decirte que si quieres llegar al Padre, no existe otro camino sino el de Jesús. Él te ofrece vida eterna y por consiguiente te concede el perdón, la renovación y el propósito en tu vida. Si deseas transitar con Él, puedes hacer una oración como la siguiente:


Amado Jesús: Yo te necesito. Te abro la puerta de mi corazón y te recibo como mi Señor y Salvador. Toma el control de mi vida; perdona mis pecados y hazme la persona que quieres que yo sea. Gracias Señor por perdonarme y limpiarme; gracias por darme la vida eterna contigo y por darme todo el poder de tu Santo Espíritu, amén.


Un abrazo y bendiciones.

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