domingo, 20 de noviembre de 2011

Cómo no tener certeza

Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
Juan 5:24.


Lectura diaria: Juan 5:16-30. Versículo para destacar: Juan 5:24.


ENSEÑANZA


Para ser cristianos hay que creer no solo en Jesucristo como Señor y Salvador, también tenemos que tener la certeza que vino al mundo por voluntad del Padre. Jesús es la figura de Dios hecha hombre para salvar a la humanidad. Es el único camino para llegar a Dios Padre: “Nadie llega al Padre sino por mí (Jn. 14:6). Dios delegó en Jesús todo juicio para que se honre al Hijo como se honra al Padre. Depositó en el Hijo toda su confianza y sabía de antemano que así pasara por tan cruel sufrimiento padeciendo y muriendo crucificado no iba a dejar inconclusa la obra redentora encomendada. El Señor Jesús, sufrió en su naturaleza humana más allá de lo que podamos imaginarnos; Él no quedó como nos lo muestran en un crucifijo; la Palabra de Dios es exacta en descifrarlo; Isaías profetisa el momento de su pasión y muerte setecientos años antes del acontecimiento así: “No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable”; “Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados”. El Señor en la cruz expresó dos frases para tener muy en cuenta: “Como a las tres de la tarde; Jesús gritó con fuerza: –Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?)” (Mt. 27:46). Como hombre sufrió más en ese momento que incluso cuando en Los Olivos orando al Padre sudó gotas de sangre (Lc. 22:40-44); dice el versículo que gritó con fuerza. Su Padre quien lo había proclamado como su Hijo amado en el río Jordán cuando fue bautizado y en la montaña alta cuando se transfiguró en presencia de Pedro, Jacobo y Juan, lo abandonó. ¿Cómo entender lo sucedido? Jesús grita con todas sus fuerzas al Dios Altísimo como humano que estaba sufriendo los más cruentos dolores: “Dios mío, Dios mío”. Si no hubiese sido así, no se hubiera producido la remisión de pecados: “traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo”. ¡Amor más sublime no puede haber! ¡Gracias mi Señor! La segunda frase es sobre sus últimas palabras: “Todo se ha cumplido” (Jn. 19:30), ya no son palabras de dolor son palabras de triunfo, de victoria por la misión cumplida: se hizo la voluntad del Padre. El Redentor prometido ya había terminado su obligación. Ya el hombre podía alcanzar la vida eterna gracias a la labor cometida por aquel humilde niño nacido en un pesebre sin atavíos y adornos y muerto más tarde de la manera más humillante. “Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre” (Fil. 2:9). Este Jesús, es ahora a quien le corresponde juzgar pero: “el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida”. ¡Gloria a Dios por habernos dado a su Hijo y a su Santo Espíritu para entender el misterio de la salvación!


Si aún no le has entregado tu vida a Jesús, puede ser el momento propicio para hacerlo. Por favor dile así:


Señor Jesucristo: Sé que moriste en una cruz por mí y padeciste por llevar a cuestas mis pecados. Hoy reconozco todo lo hecho para darme salvación y decido aceptarte en mi vida como mi Señor y Salvador. Perdona todos mis pecados y hazme de acuerdo a tu santa voluntad. Gracias Señor por venir a morar conmigo y llevarme de tu mano a la vida eterna. Gracias por darme todo el poder de tu Santo Espíritu para entender tu mensaje. Amén.


Un abrazo y bendiciones.

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