sábado, 8 de octubre de 2011

Regeneración a través del arrepentimiento

Estando en tal aflicción, imploró al Señor, Dios de sus antepasados, y se humilló profundamente ante él. Oró al Señor, y él escuchó sus súplicas.
2 Crónicas 33:12-13.


Lectura diaria: 2 Crónicas 33:1-17. Versículos para destacar 2 Crónicas 33:12-13.


ENSEÑANZA


La lectura nos relata el reinado de Manasés rey de Judá, quien ofendió a Dios con infinidad de idolatría y maldad, lo cual hizo que fuera deportado a babilonia. Sin embargo, en el relato Dios demuestra que nunca rechaza al pecador arrepentido; al contrario, está atento a ver cuándo deja su pecado y vuelve a Él la mirada. “Les digo que así también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos” (Lc. 15:7). El rey Manasés se arrepintió y encontró el favor del Señor: “le permitió regresar a Jerusalén y volver a reinar” (v. 13b).

El amor de Dios es tan incondicional y a la vez tan inmutable que jamás cambia de parecer y su obra redentora lo demuestra completamente. Dios no creó al hombre con la intención de llevarlo a la perdición, al contrario fue el hombre a través de su desobediencia que escogió su propio camino y esto hizo interrumpir la comunión con nuestro Creador. Dios les había dado un mandato a Adán y Eva (Gén. 2:16-17), cuando estaban gozando de todos los privilegios en el Paraíso terrenal; allí en el Edén se deleitaban de la creación perfecta que había sido puesta en sus manos (Gén. 2:8-15) y del dominio que tenían sobre ella (Gén. 1:28-30). Sin embargo, el hombre como tal, tenía libre albedrío y desobedeció comiendo del fruto del árbol del bien y del mal; ese día, les había advertido el Señor: “ciertamente morirás” (Gén. 2:17). Así fue como entró el pecado en el mundo y la muerte tanto física como espiritual. Esta es una de las consecuencias por las que no podemos acostumbrarnos a la muerte física. Dios en su infinita misericordia desde ese mismo instante prometió un Redentor y se cumplió la promesa en Jesucristo su Hijo Amado. Entonces, al hombre no le queda otro camino que seguir el camino verdadero: el de Jesucristo (Jn. 14:6); Dios hecho hombre y quien vino a morir por la transgresión de nosotros. Esto es lo que Dios Padre desea de la humanidad: que se arrepientan de sus malos caminos y enderezcan sus pasos, reconociendo que hay un Dios que nos ama entrañablemente y que siendo pecadores su Hijo murió por nosotros (Ro. 5:8).

Ahora más que nunca tenemos a nuestro alcance una salvación que no podemos despreciar y entendiendo la misericordia del Padre, es el momento de volvernos a Él y con corazón arrepentido, dejar que Jesús dirija nuestras vidas.


Dios te está ofreciendo hoy una regeneración completa a través de Jesús. ¿Deseas aceptarlo en tu vida? “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Jn. 1:12). Si es así, te sugiero una oración como ésta:


Señor Jesucristo: Yo te necesito. Sé que soy pecador y hoy vengo a ti con un corazón arrepentido. Te acepto en mi vida como Señor y Salvador personal. Perdona todos mis pecados y hazme la persona que deseas que yo sea. Gracias Señor por permitirme vivir a tu lado y saber que contigo tengo la vida eterna. Gracias por la regeneración que harás en mi vida. En tu nombre Jesús, amén.


Un abrazo y bendiciones.

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