domingo, 18 de septiembre de 2011

Parados firmemente

Pero ustedes, manténganse firmes y no bajen la guardia, porque sus obras serán recompensadas.
2 Crónicas 15:7.


Lectura diaria: 2 Crónicas 15:1-19. Versículo para destacar: 2 Crónicas 15:7.


ENSEÑANZA


En un mundo tan convulsionado por una parte y a la vez tan altamente tecnificado, nos toca vivir en medio de atafagos que van y vienen como flechas lanzadas de todos los costados. Ahí es donde tenemos que poner a funcionar el conocimiento adquirido a través de nuestra formación cristiana, para poder sostenernos sin dejarnos llevar ni a derecha ni a izquierda.

La Biblia es la Palabra de Dios, escrita para todos los tiempos. Estar firmes es mantener los píes bien puestos sobre la tierra, no dejarse ladear para ningún lado. En el pasaje del día, vemos que estas palabras fueron dirigidas al rey Asá y a todo el pueblo de Judá a través de Azarías, hijo de Oded para alertarlos sobre lo que Dios podría hacer siempre y cuando ellos permanecieran fieles al Señor (v. 1-2). En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo nos hace la misma recomendación: “Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58); “Por lo tanto manténganse firmes” (Gál. 5:1). Los cristianos ya no podemos pensar en lo terrenal como meta última porque somos ciudadanos del cielo, donde el Señor Jesucristo transformará nuestro cuerpo miserable en cuerpo glorioso (Fil.3:20-21), así que los ires y venires de este mundo no deben alterar nuestra fe.

Aprendamos como conclusión, a hacer lo dicho por el mismo Señor Jesús: Construir nuestra casa (vida cristiana), sobre la roca; de este modo no importa que vengan vientos, tempestades ni lluvias (Mt. 7:24-25) porque siempre estará firme, cimentada sobre la piedra inconmovible que es Cristo el Señor. Por eso, “Retengan con firmeza lo que ya tienen, hasta que yo venga”; “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de vida” (Ap. 2:25 y 10b). La recompensa la tenemos asegurada, de eso no cabe la menor duda.


El único que puede ejercer dominio propio sobre nosotros es el Santo Espíritu del Señor. Jesús vino a eso: a cambiar hombres cobardes por valientes; temerosos por pacificadores. Si tú deseas dejarte amoldar por Jesús, te invito a entregarle tu vida a Él. Jesucristo es el único capaz de cambiar vidas. Si es tu deseo podemos orar así:


Señor Jesucristo: Yo te necesito. Te abro la puerta de mi vida para que seas mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados; toma el control del trono que hasta ahora yo manejo y hazme de acuerdo a tu santa voluntad. Gracias te doy Señor por venir a morar conmigo, por perdonarme y limpiarme de todos mis pecados y por llevarme por la senda que sabes es la mejor para mí. En tu nombre Jesús, amén.


Un abrazo y bendiciones.

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