martes, 2 de julio de 2019

Tiempo para abrazarse y tiempo para despedirse


Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse. 
Eclesiastés 3:1, 4, 5b.

Lectura: Eclesiastés 3:1-8.  Versículo del día: Eclesiastés: 3: 1, 4, 5b.

MEDITACIÓN DIARIA

Definitivamente, así es. Por eso hay que saber aprovechar bien el tiempo. El tiempo perdido no vuelve a recuperarse; y lo que no hagamos a tiempo se echará quizá al olvido. Así como se ríe, también se llora y llorar es dejar que brote lo que está adentro: tristeza, amargura, desilusión, desesperanza, rechazo, olvido; pero también es necesario que broten esas lágrimas porque hacen bien al alma y liberan el sentimiento.
Mientras sea el tiempo de vivir las emociones y experiencias lindas de la vida, como compartir, reír, jugar, abrazar y amar hay que dejarlas fluir libremente. Seguramente quedarán grabadas con imágenes imborrables y añoraremos ese tiempo como lo hermoso que fue pero que como todo tuvo su fin con el adiós. Creo que por eso recordamos la infancia y la adolescencia con nostalgia. Nostalgia como de la más bella estación de la vida, pero irrepetible de volver.
El Señor nos manda a gozarnos del día que tenemos presente: “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmo 118:24), dejemos que fluya el regocijo y la alegría. Eso renovará nuestras fuerzas; además: “El corazón alegre hermosea el rostro” (Proverbios 15:13).

Amado Señor: gracias por permitirnos vivir experiencias ricas de gozo y alegría para compartir con los que amamos en el día a día. También alístanos buen Dios para el día de la nostalgia y la tristeza para que nos coja fortalecidos en Ti y esperanzados en lo que tenemos más adelante Contigo. Gracias bendito Señor. ¡Te amamos!

Un abrazo y bendiciones.

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