miércoles, 26 de octubre de 2016

Enséñanos a buscarte con corazón humilde

Busquen al Señor, todos los humildes de la tierra, los que han puesto en práctica sus normas. Busquen la justicia, busquen la humildad. 
Sofonías 2:3a.

Lectura: Sofonías 2:1-3.  Versículo del día: Sofonías 2:3a.

MEDITACIÓN DIARIA

La Biblia continuamente nos hace un llamado a buscar al Señor; a buscarle mientras pueda ser hallado (Isaías 55:6). Y para buscarle se necesita humildad; reconocer que no somos nada y Él lo es Todo. Reconocer nuestra incapacidad y atesorar su poder. Hay que buscarlo como Señor, Salvador, Camino, Verdad, Vida, Roca, Escondite, Protector, Refugio, Libertador, Médico, Abogado y aún porque también es nuestro Sustentador: “Comerán los pobres y se saciarán; alabarán al Señor quienes lo buscan” (Salmo 22:26). No hay que confundir la humildad con la pobreza. Personalmente he conocido personas muy pobres pero altamente orgullosas. El Señor dice que los humildes heredarán la tierra (Mateo 5:5); Igual dice que “Dichosos los pobres de espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5:3). Personalmente considero que estos pobres de espíritu son los que no tienen nada a qué aferrarse que les haga desviarse del camino; por lo tanto tienen un corazón dispuesto para Dios, deseosos de lo que Él pueda hacer en sus vidas para llenarlos totalmente. Tienen hambre y sed de justicia y humildemente se disponen a aprender y a acatar sus órdenes sin darle vueltas a los mandatos o discutir por ellos.
Creo que a los cristianos nos falta mucha humildad; especialmente a los occidentales. Tal vez en oriente, según mi parecer son más dóciles. Son verdaderamente pobres de espíritu. Buscan a Dios humildemente y quizá por las dificultades y  lo que les ha costado su cristianismo, son auténticos en su fe.
Aprendamos a buscar al Señor con humildad y corazón dispuesto a obedecerle.

Amado Señor: Deseamos buscarte en cada momento de nuestra vida. Aprender a encontrarte en el agua que corre por los manantiales, en la flor que amanece con el rocío de la mañana, en las montañas que albergan a las aves que cruzan tus cielos. En los peces que nadan en los mares y las bestias que rodean la tierra. Señor, que seamos sensibles a lo que eres Tú. Danos humildad para reconocerte en cada situación por buena o mala que nos parezca y que allí en medio del éxito o de la adversidad, sepamos que estás ahí. ¡Gracias buen Dios!

Un abrazo y bendiciones.


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