viernes, 5 de noviembre de 2010

Dios nos llama a la santificación

La voluntad de Dios es que sean santificados.
1 Tesalonicenses 4:3.


Lectura diaria: 1 Tesalonicenses 4:1-12. Versículo del día: 1 Tesalonicenses 4:3.


ENSEÑANZA


No podemos ser santificados si no santificamos primero a Dios. Dios es santo en majestad, trascendencia, misterio, separado del hombre y del pecado. Santificar a Dios es reconocerlo en su santidad: “Sólo al Señor Todopoderoso tendrán ustedes por santo, sólo a él deben honrarlo, sólo a él han de temerlo” (Is. 8:13). Santificar a Dios requiere de nuestra parte una conducta que corresponda a la santidad de Dios. El Señor Jesucristo vino a rescatar a los perdidos a través del sumo sacrifico de Él en la cruz, de esta manera nos santificó separándonos y adquiriéndonos por su muerte para Dios y capacitándonos por medio de Él para una nueva vida en santidad. Su sangre derramada “purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente” (Heb. 9:14). El versículo del día nos dice que la voluntad de Dios es nuestra santificación, es decir que seamos conforme a la imagen de Jesús. Esto demanda un esfuerzo del creyente en una lucha permanente pero debe ser reconocida como obra de Dios quien la irá perfeccionando. Como lo señala el pasaje en la lectura, Dios desea que los suyos se santifiquen apartándose de la inmoralidad sexual, aprendiendo a controlar el cuerpo; sin perjudicar al hermano ni aprovechándose de él (vv. 4-6). Practicando el amor y viviendo en paz con todos, ocupándose cada uno de su trabajo y de sus responsabilidades. De esta manera podemos ser testimonio para los que no creen (vv. 9-12) y vamos a cumplir con la voluntad de Dios en nuestra santificación. Señor, enséñanos a llevar una vida recta de modo que no defraudemos tu obra redentora y cumplamos el cometido de la santificación a través de una nueva vida contigo.


Un abrazo y bendiciones.

Bibliografía: Diccionario ilustrado de la Biblia

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