lunes, 28 de noviembre de 2016

Necesitamos tu aire Señor

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. 
Salmo 51:10.

Lectura: Salmo 51:1-17.  Versículo del día: Salmo 51:10.

MEDITACIÓN DIARIA

El Rey David se sintió avergonzado y aniquilado cuando comprendió hasta dónde su pecado lo había llevado: adulterio, engaño, mentira, orgullo, prepotencia, homicidio, etc. Pero es que no necesitamos que todas estas culpas y otras más lluevan sobre nosotros porque todos hemos sido pecadores y a diario de un modo u otro estamos cayendo. Lo importante es darnos cuenta y orar humildemente como David, pidiéndole al Señor perdón y limpieza. Necesitamos segundo a segundo que el Espíritu Santo nos convenza de pecado e inmediatamente quebrantar el corazón ante el Señor. En mis primeros pasos como cristiana me enseñaron lo que era la respiración espiritual: botar, exhalar lo impuro: confesar el pecado; e inhalar: recibir el perdón de Dios y su limpieza (1 Juan 1:9-10). Dicho acto es volver a tener comunión con el Señor para  seguir disfrutando de su amor.
Nuestro caminar diario espiritual necesita provisionarse de este oxígeno segundo a segundo. Muchas veces nos olvidamos que le hemos entregado nuestra vida a Jesús y queremos volver a tomar las riendas; al retomarlas vamos a desviarnos del camino. Son tantas las cosas que nos pueden extraviar: el orgullo, la mentira, la falta de perdón, la falsa piedad, el enojo, la envidia y otras más. No podemos dejar que se interrumpa nuestra relación con el Señor. Ahí es que igual que David debemos humillarnos. Pedirle a Dios que nos dé un corazón limpio y que renueve nuestro espíritu para que siempre vaya en la dirección correcta.

Señor mío y Dios mío: Somos frágiles y débiles; ¡necesitamos tanto tu ayuda! Tú eres el aire que infundes en nuestro espíritu aliento de vida, pero con frecuencia nos ahogamos sin el oxígeno indispensable y la respiración espiritual se cae. Enséñanos a voltear con corazón contrito y humillado los ojos hacia Ti y a recibir en humildad también, el perdón y la limpieza tuya. ¡Gracias buen Señor!

Un abrazo y bendiciones.

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