miércoles, 2 de noviembre de 2016

¡Enamóranos de Ti Señor!

Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Salmo 37:4-5.

Lectura: Salmo 37:1-35.  Versículo del día: Salmo 37:4.

MEDITACIÓN DIARIA

Podemos preguntarnos: ¿qué significa deleitarnos en el Señor? Para entenderlo busquemos quizá la relación de dos enamorados: siempre quieren estar juntos; desean que llegue el momento de su encuentro; se aman, se respetan, se profesan ese amor con palabras amorosas; no se le quiere irritar. Creo que eso y mucho más merece nuestro Amado Señor y eso es lo que debemos hacer. Deleitarnos en su amor: “Me encanta sentarme a su sombra;  dulce a mi paladar es su fruto” (Cantares 2:3b). Y el hombre que lo busca: “en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto” (Salmo 1:2-3). Definitivamente deleitarnos en el Señor es empaparnos de su Palabra para cumplir su voluntad. Su voluntad que es buena, agradable y perfecta. Voluntad que nos lleva a amar al prójimo aun si es un enemigo sin pedir nada a cambio (Lucas 6:35); a no juzgar ni a condenar; a perdonar, a dar medida llena y rebosante (Lucas 6:37-38).
Busquemos al Señor, tengámosle un asiento en nuestro corazón para que se siente a hablarnos y escuchemos también sus dulces palabras. Aprendamos a deleitarnos en su amor. Hablemos con Él, riamos con Él, lloremos con Él. Es el amor verdadero que nunca cambia ni nos dejará abandonados. Y como el Señor no se queda con nada guardado, seguro que concederá los deseos de nuestro corazón porque es su promesa; es lo que Él nos retribuye como contraparte de ese amor ofrecido.

Amado Señor: Para saber en verdad como eres, tenemos que buscarte, desearte y degustarte más que a cualquier otra cosa porque tus palabras son más dulces que la miel. Enamóranos de Ti Señor para que cada día, sea Contigo un caminar plácido en donde te veamos y encontremos en el aire que respiramos y en el olor de las fragantes flores. Para que al pasar junto a los demás, ellos noten el aroma tuyo brotando en nuestro ser. ¡Gracias buen Señor!

Un abrazo y bendiciones.


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