martes, 10 de octubre de 2017

Su soberanía es incuestionable

¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: ¿Por qué me hiciste así? 
Romanos 9:20.

Lectura: Romanos 9:1-29.  Versículo del día: Romanos 9:20.

MEDITACIÓN DIARIA

No podemos olvidar que Dios es Dios y nosotros simplemente sus súbditos. Él nos creó, no nosotros a Él. Tenemos que reconocer su soberanía y si le place endurecer el corazón de una persona como lo hizo con el faraón, o ablandarlo a su antojo, ¿quiénes somos para impedirlo? Y si quiere dar a conocer su poder y fuerza para manifestar sus gloriosas riquezas, lo hace sin pedirle permiso a nadie (vv. 17-18 y 22-23). De esta manera Dios quiso hacer de los gentiles también su pueblo; por eso está escrito en Oseas: “Llamaré mi pueblo a los que no son mi pueblo; y llamaré mi amada a la que no es mi amada. Y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: Ustedes no son mi pueblo, serán llamados hijos del Dios viviente” (vv. 25-26). Igual que en Isaías se afirma que solo el remanente de Israel será salvo (vv. 27-28). Y si a Dios le satisfizo hacerlo así, nadie tiene derecho a cuestionar sus decisiones porque su soberanía es indiscutible.
Ahora que nos damos cuenta del amor y la misericordia que ha tenido Dios con los gentiles debemos es honrarlo y adorarlo por tenernos entre sus escogidos; por llamarnos ‘pueblo mío’. Tú y yo  somos bendecidos porque a Dios le agradó hacernos sus hijos. Respondámosle como lo merece un padre y mucho más porque Él es el Padre perfecto.

Amado Dios: Gracias por tenernos dentro de los partícipes del reino tuyo. Gracias porque tu soberanía es incuestionable y los tropiezos y problemas son para glorificar tu Nombre; yo doy fe de que así es. ¡Gracias, muchas gracias buen Dios!

Un abrazo y bendiciones.

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