lunes, 21 de agosto de 2017

La generosidad trae bendición

Comparte lo que tienes entre siete, y aun entre ocho, pues no sabes qué calamidad  pueda venir sobre la tierra.
Eclesiastés 11:2.

Lectura: Eclesiastés 11:1-7.  Versículo del día: Eclesiastés 11:2.

MEDITACIÓN DIARIA

La Biblia nos exhorta a ser generosos. Con el primero que debemos ser generosos es con Dios pero no debemos dejar de lado a nuestro prójimo. “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lucas 6:38). Y es que debemos ser generosos no solamente con lo material, también lo podemos ser con nuestro tiempo, con nuestro saber, con nuestra actitud y con nuestro dinero. Así que nadie puede quejarse o decir que es tan pobre que no tiene nada para dar porque mínimo puede ofrecer una sonrisa, un halago, un abrazo, una instrucción, etc.
Pablo dejó escrito: “Y he sido un ejemplo constante de cómo pueden ayudar con trabajo y esfuerzo a los que están en necesidad. Deben recordar las palabras del Señor Jesús: “Hay más bendición en dar que en recibir” (Hechos 20:35 NTV), y es que el darnos a los demás nos trae satisfacción. Ese dar debe estar lleno de amor y de bondad. El Señor Jesús dijo lo siguiente: “Les aseguro que cualquiera que les dé un vaso de agua en mi nombre por ser ustedes de Cristo no perderá su recompensa” (Marcos 9:41). Dios que no se queda con nada guardado, nos recompensará. Así que siempre debemos estar listos para dar, dar y seguir dando, empezando por nuestros hermanos en la fe (Gálatas 6:10).

Amado Señor: queremos ser generosos no solamente con los de nuestra Iglesia sino con todos los de tu grey. Ser dadivosos con los necesitados tanto de pan como de amor y comprensión. Enséñanos Señor a dar sin esperar nada a cambio porque Tú ya lo has tenido en cuenta y con eso nos basta. Gracias mi Señor porque fuiste el primero en darnos y darnos tu vida completa para poder alcanzar la salvación. Así queremos ser también nosotros; pon en nuestro corazón ese hacerlo con alegría como sabiendo que es para Ti. ¡Te alabamos y bendecimos Cristo nuestro Dios y Rey!

Un abrazo y bendiciones.

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