lunes, 7 de agosto de 2017

Señor, Tú encierras el amor y la verdad

Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. 
Proverbios 3:3.

Lectura: Proverbios 3:1-4.  Versículo del día: Proverbios 3:3.

MEDITACIÓN DIARIA

Esta es la Palabra que debemos enseñar a nuestros hijos para que ellos a su vez la sigan pasando a su descendencia. Por eso dice Deuteronomio: “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades” (Deuteronomio 6:6-9). Así es; en estos tiempos tan difíciles para nosotros pensamos entonces: ‘si esto es ahora, ¿qué les espera a nuestros hijos y a sus hijos?’. No lo podemos dudar: la única verdad que les podemos dejar es la Palabra de Dios para que ellos la vivan y la lleven siempre atada a su corazón. “Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20. Lo que ya conocemos, lo que ya sabemos que es el único camino a la vida eterna, ese será el mejor legado como herencia. Muchos piensan que deben ser bienes, estudios y otras cosas que el mundo nos ofrece; no estoy diciendo que sea malo dejarles eso,  pero entre todo, lo que verdaderamente tiene valor y lo sabemos muy bien, es el amor de Dios manifestado a través de la Verdad que es Cristo Jesús (Juan 14:6).
Que nunca en tu vida falten ese amor y esa verdad; escríbelos en el libro de tu corazón mañana, tarde y noche y repíteselo a las generaciones venideras.

Amado Señor: Gracias por permitirnos un día conocerte a Ti que encierras toda la grandeza de amor al dar tu vida por nosotros sin siquiera merecerlo. Gracias porque encontrar esa Verdad que eres Tú, nos ha traído libertad y la esperanza de una eternidad a tu lado. Enséñanos a inculcárselas continuamente a nuestros hijos y nietos para que ellos también transiten por este camino produciendo los frutos que un día les sembramos. ¡Gracias buen Señor! 

Un abrazo y bendiciones.

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