miércoles, 5 de julio de 2017

Seamos bendición para el lugar que nos acoge

Y trabajen por la paz y prosperidad de la ciudad donde los envié al destierro. Pidan al Señor por la ciudad, porque del bienestar de la ciudad dependerá el bienestar de ustedes. 
Jeremías 29:7 NTV.

Lectura: Jeremías 29:1-14.  Versículo del día: Jeremías 29:7.

MEDITACIÓN DIARIA

Cuando el Señor permitió la deportación del pueblo de Israel a Babilonia, les mandó no solamente trabajar por la paz y prosperidad de esa ciudad sino también orar por ella concluyendo algo que es muy cierto: “porque del bienestar de la ciudad dependerá el bienestar de ustedes”. Cuando por uno u otro motivo nos alejamos bien sea de la ciudad o país de origen nos corresponde a donde vayamos llevar las mejores intenciones. En la lectura vemos que Dios les manda que organicen completamente su vida allí: construyan casas, hagan planes para quedarse; que planten huertos; que se casen y tengan tanto hijos como nietos (vv. 4-6), y eso nos corresponde hacer cuando somos trasladados hacia otro lugar.
Por eso, si el Señor nos llevó a buscar nuevos horizontes, debemos poner la mirada en lo que tenemos al frente e ir con mente positiva sabiendo que Dios nos tiene planes para lo bueno y no para lo malo con el fin de darnos un futuro donde nos hará prosperar en todas las áreas de nuestra vida (v. 11 en la lectura). Seamos obedientes al Señor: no lleguemos a hacer lo que no nos gustaría que hicieran en lo nuestro como desorden, fechorías, habladores, calumniadores de personas naturales y políticos de la región. Amemos y honremos ese sitio como el propio. Si tenemos un trabajo demos lo mejor para que esa empresa crezca y prospere porque todo lo que hagamos redundará en un mejor porvenir.
Y algo muy importante que dice el versículo de la lectura: “Pidan al Señor por la ciudad”; oremos por sus gobernantes, por su paz y acordémonos de darle gracias a Dios por ella. Por lo general nunca lo hacemos porque estamos acostumbrados a ser desagradecidos y si un país o una ciudad nos han tendido la mano nuestro deber es agradecer y ahí entra el no hablar de ella ni de su gente. “Tú, Señor, eres mi porción y mi copa; eres tú quien ha afirmado mi suerte. Bellos lugares me han tocado en suerte; ¡preciosa herencia me ha correspondido!” (Salmo 16:5-6).

Amado Señor: Gracias por el sitio a donde nos has traído porque es el mejor que nos tenías guardado. Gracias por estar pendiente de nuestro bienestar y querer darnos un futuro lleno de esperanza. Oramos por este país, por esta ciudad; por su presidente, sus alcaldes y por todas las personas que conforman las diferentes Instituciones gubernamentales y municipales, en especial porque te conozcan y tengan un temor reverente hacia Ti. Gracias porque sin duda, has querido lo excelente para nosotros. ¡Te amamos Señor!

Un abrazo y bendiciones.

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