miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hallando gracia delante de Dios y de los hombres




Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente. 
Proverbios 3:3-4.


Lectura: Proverbios 3:1-12.  Versículos del día: Proverbios 3:3-4.

MEDITACIÓN DIARIA

No solamente nos debe interesar el comportamiento delante del Señor; también debemos procurar hacer lo correcto delante de los hombres (2 Corintios 8:21). Hay que crecer en estatura y en gracia para con el Señor y para con los hombres (1 Samuel 2:26). De otra manera, ¿cómo vamos a dar testimonio? Recordemos que llegará el momento en que no se permitirá leer la Palabra de Dios o difundir la Biblia; seremos nosotros el libro abierto para que los demás conozcan del Señor.  ¿Qué nos caracterizará entonces como cristianos? El versículo hace alusión a dos dones importantes: el amor y la verdad. Debemos tenerlos tan arraigados en nuestro diario vivir que serán los que siempre resalten nuestro proceder.
Pidamos la llenura del Espíritu Santo (Hechos 1:8 y Efesios 5:18) y embriaguémonos de su fruto para demostrar el amor completo que encierra mansedumbre, humildad y amabilidad. De este modo, vamos creciendo en gracia delante de Dios y delante de los hombres.

Amado Señor: Te damos gracias por tener a tu Santo Espíritu también en el corazón y aprender de Él a comportarnos, no solamente para agradarte sino  para ser testimonio al frente de los hombres, especialmente de los de los que no creen en ti.  

Un abrazo y bendiciones.

martes, 2 de diciembre de 2014

La seguridad de una vida eterna a su lado




Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo.  El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. 
1 Juan 5:11-12.


Lectura: 1 Juan 5:1-15.  Versículos del día: 1 Juan 5:11-12.

MEDITACIÓN DIARIA

Muchos creen que se muere y ahí termina todo. La Palabra de Dios dice que tendremos vida eterna si tenemos a Cristo; y este don es solamente por su gracia. No es que nosotros no hayamos pecado; somos tan pecadores como todos los demás. La diferencia es que al aceptarlo, también hemos reconocido que hubiera sido nuestro sustituto por todos los pecados y el Señor ya nos justificó. El cielo va a estar lleno de pecadores, pero pecadores arrepentidos, justificados por la sangre de Cristo Jesús.
El Señor dice en Apocalipsis 3:20 que si le abrimos la puerta Él entra a morar con nosotros y su promesa se cumple porque el Señor no es mentiroso. Si lo hemos invitado, Dios nos ha dado vida eterna. La vida eterna es un privilegio exclusivo de los hijos de Dios (Juan 1:12). Si sabemos que tenemos tan enorme privilegio, entonces busquemos las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha del Padre. Nuestra vida está escondida en Cristo, para después ser manifestados con Él en gloria (Colosenses 3:1-4).  Dejemos que sea Cristo quien se mueva por nosotros: Hemos sido crucificados juntamente con Él “y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí” (Gálatas 2:20).  Desplacemos el ego que nos invade y permitámosle al Señor sentarse en el trono, para que todos nuestros afanes y triunfos sean dispuestos en el orden suyo, mientras llegamos a la patria celestial.

Amado Señor: Te damos gracias por la certeza que nos das de una vida eterna juntamente contigo. Gracias porque esa bendita esperanza se convierte en el motor para aceptar aquí en la tierra tus designios y desear agradarte en todo lo que hacemos. ¡Te alabamos Señor y te damos toda la honra y la gloria!

Un abrazo y bendiciones.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Cuando todavía existe orgullo




¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado? 
1 Corintios 4:7.


Lectura: 1 Corintios 4:1-13.  Versículo del día: 1 Corintios 4:7.

MEDITACIÓN DIARIA

Creo que el Señor le habla a cada persona en su momento exacto. Quizá a muchos nos ha pasado que leemos la Biblia pero pasamos por alto muchas cosas, y debe ser porque no es el tiempo puntual de entenderlas. En estos últimos días, con la enfermedad de mi esposo, pasamos situaciones bien complicadas y difíciles de asimilar. El primer lugar a donde fue remitido, para mí fue desolador; las condiciones eran casi que infrahumanas. Un aire a todo volumen, sin nada con qué arroparse; casi unos encima de otros y para completar se veían unos cuadros dentro de los enfermos aterradores. Mi esposo llegó a un hospital público donde recibían a quien fuera y como fuera. No había disponibilidad en ningún otro centro asistencial y debido a su urgencia, tocó allí. Allí en medio de presidiarios cuidados por guardias especiales; de locos que gritaban desesperados por el dolor o la falta de atención; e incluso que desbordaron su locura rompiendo cosas. Y para cerrar el broche: una señora falleció.
En medio de toda esta miseria junta, yo me preguntaba: ¿Por qué aquí? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué lo permitiste Señor? Y el Señor que es sabio en hablarle a cada uno de sus hijos, hoy me dice: “¿Quién te distingue de los demás?”; ¿Acaso, eres más que ellos? Nada de lo que tienes o de lo que eres ha sido obra tuya; todo te lo he entregado yo: “Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda” (Juan 3:27).
Tengo anotado en mi cuaderno de devociones diarias precisamente: “Señor que no se me olvide de dónde me sacaste” (Deuteronomio 8:10-14), pero tal pareciese que es eso: una anotación más, porque en mi corazón todavía existe orgullo, vanidad y prepotencia y tengo que reconocerlo. Yo hablaba de esto como si fuera pasado y tuvo que el Señor demostrarme con una lección muy fuerte que no lo he desarraigado de mi corazón.
Los invito a que analicen el versículo del día y se hagan a conciencia un examen. Si todavía hay algo por lo cual se envanecen, pidan perdón al Señor y cambien de actitud.

Amado Señor: Yo también te pido perdón por tener los ojos nublados a la realidad y no reconocer mi pecado. Gracias por perdonarme y por todo lo que por tu bendita gracia has permitido que yo goce. Enséñame a no tener un concepto más alto del que debo tener y a poner completamente a tu servicio los dones que me has concedido.

Un abrazo y bendiciones.

¿Cuál forma de idolatría está reemplazando a Dios?

  ¿Por qué provocan mi enojo quemando incienso a ídolos que ustedes han hecho aquí en Egipto? Lo único que lograrán es destruirse y hacerse ...