sábado, 8 de agosto de 2009

En mi angustia clamé al Señor, y Él me respondió

En mi angustia clamé al Señor, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor

Jonás 2:2.

Este es el testimonio sobre lo sucedido con mi vida, la segunda noche de mi estadía en la clínica, cuando me practicaron la cirugía del seno. Aún no alcanzo a descifrar todavía lo que pasó. Al leer a Jonás, recuerdo haber hecho exactamente igual que él. “Al sentir que se me iba la vida, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo” Jonás 2:7.

Yo misma no entendía lo que tenía; sólo sé que me envolvía una angustia como de agonía, donde sentía que me iba poco a poco y se me dificultaba respirar. Era como si me encogiera y a la vez flotara, todo parecía dar vueltas sobre mí. Una sensación tremendamente extraña me invadía. En ese lapso y estando tan angustiada, recordé a mi Señor y con toda sinceridad le clamé pidiéndole su presencia y misericordia hacia mí. Satanás es muy vivo y a esa conclusión llegué. Él sabía que mi cirugía había sido un éxito y que muchísimas personas por toda Colombia y aún fuera de ella, me tenían en oración y no quería aceptar su derrota. Además era conocedor de mi intimidad con Jesús y que yo estaba fuertemente cogida de su mano, pero como es tan mentiroso y devorador, quiso hacerme creer lo contrario.

Por un momento perdí la razón porque nadie entendía lo que me pasaba; ni enfermeras ni médicos tenían una explicación clara. Entró un neumólogo para enseñarme a respirar y al final dijeron que me faltaba aire y que muy seguramente me llevarían a cuidados intensivos para colocarme oxígeno. Esto me atemorizó más. Entonces, iluminada por el espíritu Santo quien sé que abogó por mí, empecé a recordar pasajes bíblicos y a clamarle al Señor con todo mi corazón. Entendí que había sido presa de un ataque satánico porque tan pronto como empecé a orar y rechazar toda ansiedad, me fui restableciendo. Para ayudarme, sintonicé un radio que mi esposo me había dejado, en la emisora cristiana de mi preferencia. A eso de las cinco de la mañana, escuché una predicación donde el pastor con énfasis clamaba por los enfermos, derrotaba a Satanás y le impugnaba. De pronto dijo: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Levántate y anda”. Ya aclarando el día, pude notar que en la puerta de mi habitación había en letras grandes, la misma frase: “Levántate y anda”. Desde ese momento resolví que como fuera, ese día saldría de la clínica, pues Dios ya había hecho lo que tenía que hacer. Yo estaba sana y tenía que hacer lo mío: levantarme, andar e irme para casa.

Dios lo dispuso todo y me dio las fuerzas para levantarme aún antes de que llegara mi médico; así que cuando el pasó a revisarme, tenía el convencimiento que me iría para casa y de esa manera sucedió.

Termino con el versículo 10 de Jonás 2: “Entonces el Señor dio una orden y el pez vomitó a Jonás en tierra firme”. El Señor dio una orden y Satanás me soltó. No podía luchar contra mi Señor.

Un abrazo y bendiciones.