martes, 25 de agosto de 2009

Dar desinteresadamente

Pero Eliseo respondió: ¡Tan cierto como que vive el Señor, a quien yo sirvo, que no voy a aceptar nada!

2ª. Reyes 5:16.

Lectura diaria: 2ª. Reyes 5:1-16. Versículo del día: 2ª. Reyes 5:16.

ENSEÑANZA Y REFLEXIÓN

En el transcurso de la vida, notamos claramente como las personas generosas sean cristianas o no, son bendecidas en abundancia. Personalmente, tengo el testimonio de mi tía quien siempre tuvo lo suficiente no sólo para ella sino para tenderles la mano a sus hermanos y sobrinos sin pedir nada a cambio. En el momento de su muerte, yo quien fui delegada por ella para administrar no sólo sus últimos pesos sino también lo que dejó materialmente, confieso que no tuve que pedir ni un céntimo para sus honras fúnebres porque todo salió absolutamente de sus ahorros. Ahora comprendo que esto fue un regalo de Dios. He presenciado entierros, donde aún en el momento del sepelio, se están haciendo colectas para sufragar los gastos. Sin embargo, no nos digamos mentiras, tocar el bolsillo de una persona es bien difícil. ¿O por qué nos cuesta tanto hacer un favor cuando de dinero se trata? “No niegues un favor a quien te lo pida, si en tu mano está el otorgarlo. Nunca digas a tu prójimo: vuelve más tarde; te ayudaré mañana, si hoy tienes con qué ayudarlo” (Proverbios 3:27-28). Claro, es entendible que cada cual cuida lo suyo y en tiempos como los actuales, mucho más. Pero nosotros los cristianos no deberíamos actuar de ese modo; el ser dadivosos especialmente con nuestra familia y los hermanos en la fe es de gran bendición; recordemos las palabras del apóstol Pablo “hay más dicha en dar que en recibir” (Hechos 20:35; El Señor Jesucristo dijo: “quien dé siquiera un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por tratarse de uno de mis discípulos, les aseguro que no perderá su recompensa” (Mateo 10:42). A través del relato de Eliseo con Naamán, jefe del ejército Sirio, aprendamos a dar de lo que tenemos y sin mirar a quien. “No tengo plata ni oro –declaró Pedro-, pero lo que tengo te doy” Hechos 3:6).

Nadie es tan pobre que ni siquiera una sonrisa pueda regalar; porque si es así, no eres pobre sino mísero. Pregúntate: ¿Qué desea Dios que hoy regale?

Un abrazo y bendiciones.