viernes, 10 de agosto de 2012

El Señor de mi trono


Más bien deberían decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.  
 Santiago 4:15.

Lectura diaria: Santiago 4:13-17.  Versículo principal: Santiago 4:15.

REFLEXIÓN

Se está  acostumbrado a vivir tan egocéntricamente, que solo se piensa en el “yo”: “yo hago”, “yo voy”, “yo digo”, “yo primero”, yo, yo, y siempre yo.  Ese mismo egocentrismo nos hace creer que somos los dueños absolutos de todo: “mi esposo”, “mis hijos”, “mi casa”, “mi carro”, “mi tiempo”, “mis días”, “mi vida”, etc. etc.   Se nos olvida que la vida no es más que un suspiro y en fracción de segundos puede quedar ahí.  Es tan frágil, que solamente pende de un hilo, el cual en el momento menos esperado podría romperse.  Muy bueno lograr éxitos y escalar profesionalmente, pero es Dios quien pone tanto el querer como el hacer para que se cumpla su voluntad (Filipenses 2:13).  Causa satisfacción inmensa cuando vemos que los deseos se nos cumplen, que prosperamos, que salimos avante en las situaciones difíciles; pero no debemos olvidar que en todo esto, está la mano poderosa de Dios moviéndose en nuestras vidas: “No se te ocurra pensar: “Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos”.  Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza” (Deuteronomio 8:17-18).    
El apóstol Santiago nos hace un llamado para que reflexionemos: “¿Qué es su vida?  Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece” (v. 14).  Hacemos planes y nos trazamos metas; nos vanagloriamos fácilmente y sacamos ínfulas que no nos corresponden, porque nada lograríamos si no fuese por el Señor.  Incluso, en ocasiones nos adelantamos a Dios y no esperamos su voluntad, para después tener que retroceder y tomar el camino por el que Él quería que nos desplazáramos y no por el que creímos conveniente.  Es Él quien se encarga de mover las fichas a su antojo para nuestro bien.       
Como cristianos nacidos de nuevo debemos recordar que lo que hicimos al recibir al Señor Jesucristo en nuestras vidas, fue precisamente destronar ese “yo”, para darle paso al “Rey Jesús”.  Es Él quien está sentado en el trono, dirigiendo todas nuestras acciones y conduciéndonos por el mejor camino; por esa misma razón, debemos tenerlo siempre presente porque “ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2.20).

Amado Señor: Perdónanos por las veces que te hemos desplazado, olvidándonos que nuestra vida y futuro te pertenecen.   Hoy queremos que vuelvas a reinar y te sientes en el trono de nuestras vidas, para que seas tú conduciéndonos por la senda de acuerdo a tu santa voluntad.  Enséñanos a vivir sabiendo que eres el dueño absoluto de nuestros días y que el mañana está en tus manos.

Un abrazo y bendiciones.