lunes, 21 de noviembre de 2016

Invitados a la boda

En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Apocalipsis 19:16. 

Lectura: Apocalipsis 19:1-21.  Versículo del día: Apocalipsis 19:16.

MEDITACIÓN DIARIA

Dice el versículo 11: “Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero”; “Está vestido de un manto teñido en sangre, y su nombre es el Verbo de Dios (v. 13). Este jinete Fiel y Verdadero y este Verbo de Dios, es el Rey de Reyes y Señor de señores; es nuestro buen Jesús. El que se inmoló por nosotros y llevó sobre sus hombros y todo su cuerpo la multitud de pecados para pagar por ellos. Su sangre derramada para remisión de toda la humanidad. ¡Gloria a Dios por los que ya conocemos al Rey de reyes! Tenemos que estar preparados para presentarnos ante Él y regocijarnos porque estamos invitados a las bodas del Cordero (vv. 6-9).
Pero tú mi amigo que has escuchado su mensaje y no te has decidido, ¿qué esperas? No puedes dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Te reto a que lo invites a tu vida y entres también a participar del reinado y señorío de Jesús. Si es tu deseo, puedo guiarte con una oración como esta:

Señor Jesús: reconozco que eres el Verbo de Dios quien se hizo hombre por mí para venir a salvarme y darme vida juntamente Contigo. Ven a mi vida. Deseo que seas mi Rey, Señor y Salvador. Gracias por perdonarme y limpiarme. Gracias porque de ahora en adelante tendré el gozo de la bendita esperanza de asistir como invitado privilegiado a las bodas del Cordero.

Un abrazo y bendiciones.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Es tu mano prodigiosa amparándonos y fortaleciéndonos

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. 

Salmo 46:1.

Lectura: Salmo 46:1-11. Versículo del día: Salmo 46:1.

MEDITACIÓN DIARIA

¿Será que la fe si nos alcanza para decir como el Salmista, que confiaremos en el Señor porque Él es nuestro refugio y fortaleza? Quizá ante las pequeñas vicisitudes, sí. Pero si vemos por ejemplo, un terremoto que acaba con viviendas e infraestructura; o si es un huracán que pasa arrasando todo lo que encuentra en su camino (vv. 2-3). ¿La fe que tenemos es consistente para pasar la prueba? No necesitamos que sea abundante, puede ser mínima pero sólida. El Señor dijo que si fuera al menos como un grano de mostaza, podríamos decirle al monte que se corriera y este se correría (Mateo 17:20). Creo que en estos casos, es cuando de verdad ponemos a funcionar nuestra fe. “El Señor Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (v. 7).
Los que vivimos la zozobra del Huracán Mathew, pudimos constatar su potestad después de ver la destrucción en los países antillanos: “Vengan y vean los portentos del Señor; él ha traído desolación sobre la tierra” (v. 8). Sin embargo, no había nada más que hacer, sino esperar y confiar en su misericordia. ¿Quién le reclama? Él es Soberano. Fue un: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!” (v. 10). Así sucedió; Mathew recibió la orden divina de desviarse un poco hacia la derecha y la parte de la Florida por la que más se temía sufriría gravísimas consecuencias, no sufrió el menor daño. ¡Gloria a Dios! Ese “Quédense quietos” es decirnos: ‘ustedes no pueden hacer nada. Oren y reconozcan que yo soy Dios’. ¡Gloria a Ti bendito Señor!

Amado Dios: Todo el universo está bajo tu control. Reconocemos que eres el Dios de la tierra, de los mares y del firmamento completo. Tu poderío es inmenso y sin embargo las tempestades y vientos te obedecen porque saben exactamente quién eres. Aumenta nuestra fe Señor para que aun en tormentas y desiertos te dejemos actuar y veamos tu mano prodigiosa amparándonos y fortaleciéndonos. ¡Te amamos buen Dios!

Un abrazo y bendiciones.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Que sea nuestro verdadero sentir

Gritaba a gran voz: Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales. 
Apocalipsis 14:7.

Lectura: Apocalipsis 14:6-13. Versículo del día: Apocalipsis 14:7.

MEDITACIÓN DIARIA

Quien gritaba a gran voz era el ángel llevaba el evangelio para anunciarlo a toda la tierra: toda persona sin importar la nación, la raza, la lengua o pueblo escuchará el mensaje (v. 6), de manera que nadie tendrá excusa. El mismo Señor Jesucristo lo dijo a sus discípulos: “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Creo que nosotros estamos dentro del rango de los que hemos escuchado las buenas nuevas del Señor Jesucristo y es nuestro deber no solamente temer a Dios y darle gloria, sino también compartirlas.
“Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: ¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas!”; “Pero pregunto: ¿Acaso no oyeron? ¡Claro que sí! Por toda la tierra se difundió su voz, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo!” (Romanos 10:14-15 y 18). Si no somos nosotros, será otros; pero recordemos que el Señor nos va a pedir cuentas.
Me estremezco cada vez que el Señor me habla de lo mismo y de la responsabilidad que tengo  de llevar el mensaje de salvación porque soy llamada a cumplir la Gran Comisión. Y esto no es solo para mí; es para todos los que nos consideramos discípulos de Jesús. Nos corresponde llevar a otros al evangelio, para que también ellos teman a Dios y le den la gloria que merece. Que ese sea nuestro verdadero sentir.

Amado Señor: No quiero ser una más dentro de tu Iglesia; deseo que me des el denuedo para hablar de Ti como cuando te conocí. Pon en mi corazón tanto el querer como el hacer y que sienta compasión por las almas perdidas. También te ruego que ese sea el sentir de los que  dicen ser tus discípulos. ¡Gracias por lo que harás en cada uno de nosotros! ¡La gloria es para Ti!

Un abrazo y bendiciones.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Simplemente hay que dar

Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde.

Malaquías 3:10.

Lectura: Malaquías 3:6-12.  Versículo del día: Malaquías 3:10.

MEDITACIÓN DIARIA

Creo en el diezmo y hablo del diezmo porque además de ser Palabra de Dios, yo puedo afirmar que a pesar de las crisis económicas, nunca, nunca mi familia ni yo nos hemos acostado sin comer. Por otro lado, el Señor Jesús en el Nuevo Testamento dijo a los fariseos lo siguiente: “¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito pero se tragan el camello” (Mateo 23-24 las cursivas son personales). Fijémonos que dice: “Debían haber practicado esto”; o sea, no lo excluye como algunos piensan.
Por otro lado Pablo también nos exhorta a hacerlo: “Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:6-7).  Pablo ni siquiera lo llama diezmo; simplemente ‘dar’. Y es que disculpen, pero vuelvo a lo mismo de días anteriores: Nuestro Dios, nuestro Grandioso Rey, Señor y Salvador merece lo mejor.
El Señor hace un desafío “Pruébenme en esto”. Si no lo creen, pruébenlo. Yo los animo a que lo hagan. Hay que dar; el dar trae mucha bendición y Dios se goza con el dador alegre.

Amado Señor: Gracias porque tu Palabra es una y toda es verdad. Gracias porque Tú eres el dueño del oro y de la plata del mundo y por tu soberanía, la repartes como quieres. Sigue enseñándonos a darte lo mejor; Tú lo mereces todo y tan solo nos pides una décima parte de lo que también te pertenece. Pero Señor, si no es una décima parte, te rogamos que aceptes nuestra ofrenda. Gracias porque amas al dador alegre y te gozas con él. Gracias por las enseñanzas que a diario nos regalas. ¡Bendito seas Dios Celestial!

Un abrazo y bendiciones.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Nadie más merece lo excelso sino nuestro Dios

El hijo honra a su padre y el siervo a su señor. Ahora bien, si soy padre, ¿dónde está el honor que merezco? Y si soy señor, ¿dónde está el respeto que se me debe? Yo, el Señor Todopoderoso, les pregunto a ustedes, sacerdotes que desprecian mi nombre. 
Malaquías 1:6.

Lectura: Malaquías 1:6-14.  Versículo del día: Malaquías 1:6.

MEDITACIÓN DIARIA

Duras preguntas hace el Señor. Y es verdad. Decimos que es nuestro Dios y no le damos el honor que merece. ¿Cómo se trata a un presidente, un rey o simplemente a un jefe? Seguramente muchísimo mejor que como tratamos a Dios. Él que es el Rey del universo, el Señor de señores, lo miramos, o bien como alguien muy lejano, o cercano diríamos los cristianos, pero sin respeto alguno. A través de la lectura vemos que el Señor se queja de las ofrendas que el pueblo le hace: animales ciegos, cojos o enfermos. “¿Por qué no tratan de ofrecérselos a su gobernante? ¿Creen que estaría él contento con ustedes? ¿Se ganarían su favor? —dice el Señor Todopoderoso—” (v. 8).  Así que cuando le ofrezcamos al Señor algo, que sea lo mejor y cumplámosle lo prometido porque de lo contrario seremos tramposos y miremos su palabra: “¡Maldito sea el tramposo que, teniendo un macho aceptable en su rebaño, se lo dedica al Señor y luego le ofrece un animal mutilado! Porque yo soy el gran rey —dice el Señor Todopoderoso—, y temido es mi nombre entre las naciones” (v. 14). Por eso es mejor no prometer, que prometer y no cumplir.
Esto puede complementar el devocional anterior sobre el dar. Es tan profunda la lectura que de aquí tenemos que aprender lo indispensable que es ofrecer siempre lo mejor: a Dios porque es el Amo, el Rey supremo, el Gran Yo Soy; y al prójimo porque es como si se lo estuviéramos dando al mismo Señor y tampoco le va a gustar que ofrezcamos lo que está roto, viejo o  inservible.

Amado Señor: Te pedimos perdón porque quizá muchas veces hemos obrado sin tener en cuenta que Tú mereces toda nuestra atención y adoración en todos los campos. Especialmente, enséñanos a ofrecerte siempre lo mejor de lo mejor. A tenerte de verdad como nuestro gran Rey y Señor y saber que eres digno de toda honra, gloria y honor. De paso también Señor, te rogamos que pongas en nuestro corazón ser dadivosos con el prójimo ofreciendo de igual manera lo mejor. ¡Gracias por la lección buen Dios!

Un abrazo y bendiciones.


martes, 15 de noviembre de 2016

Y todavía lo alabaré

¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! 
Salmo 42:5.

Lectura: Salmo 42:1-11.  Versículo del día: Salmo 42:5.

MEDITACIÓN DIARIA

Me fascina este Salmo. Incluso me lo aprendí hace muchos años pero en la versión Reina Valera. Y es que siempre lo he visto como la realidad que todos podemos vivir en momentos de tribulación. Considero que todas las personas enfrentamos aflicciones; unas más que otras y además unas más fuertes que otras. Me consuela saber que el Señor dijo: “En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Así que si el Señor lo dijo, así será. De todas maneras soy consciente que estas situaciones no son nada fáciles de manejar. Miremos apartes del Salmo y comparémoslo con la realidad:
“Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti desde la tierra del Jordán,     desde las alturas del Hermón, desde el monte Mizar. Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí” (vv. 6-7). Ante situaciones difíciles nos sentimos abandonados, abatidos, angustiados. Sentimos que todo se derrumba ante nuestros pies y que estamos como congelados.  Y también llegamos a hablarle al Señor así: “¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo? Mortal agonía me penetra hasta los huesos ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: ¿Dónde está tu Dios? (vv. 9-10). No sé si a ustedes les ha pasado, pero a mí sí: muchas personas creen que nosotros por ser cristianos, estamos exentos de todo; y si saben algo de lo nuestro, lo primero que se les ocurre decir es: “¿pero acaso no eres cristiana? ¿Por qué Dios te trata así?
Tenemos que aprender a afrontar estas situaciones con el único que nos puede sacar avante: el Señor Jesucristo. “Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el Señor mande su amor,     y de noche su canto me acompañe” (v. 8). Es que si en el día estamos seguros del amor del Señor y que nos ama a pesar de…, porque las circunstancias no son mayores que su amor; entonces es más llevadera la aflicción. Y si de noche le pedimos que nos acompañe con su canto, tendremos un sueño sosegado y profundo. No podemos dejar que el enemigo se aproveche de esto y nos robe la paz.
Entonces concluiremos: “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” (v. 8). ¡Aleluya!

Señor Jesús: Tú eres nuestra esperanza y nuestra fortaleza. Gracias por las vicisitudes que a diario afrontamos. Aunque no te veamos, ahí siempre estarás presente. Enséñanos cada día a cogernos firmemente de tu mano para que cuando lleguen los días malos, no tambaleemos y nos caigamos. Te alabamos y exaltamos por lo que Tú eres Señor, no por las dádivas o regalos que nos ofreces. Te adoramos y te vemos tanto en los tiempos de angustia como en los de alegría. ¡Tú eres Excelso y tu Nombre está por encima de toda situación! ¡La gloria es para Ti!

Un abrazo y bendiciones.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Medida llena, apretada, sacudida y desbordante

Dichoso el que piensa en el débil; el Señor lo librará en el día de la desgracia. 
Salmo 41:1.

Lectura: Salmo 41:1-9.  Versículo del día: Salmo 41:1.

MEDITACIÓN DIARIA

La versión Reina Valera dice: “Bienaventurado el que piensa en el pobre”. El pobre, el débil, el necesitado; en fin, es lo mismo. Y lo que me impresiona del versículo es que con solo pensar en el pobre ya se ha ganado una dicha sin igual. Esto forma parte de “amar al prójimo como a nosotros mismos” y es el mandamiento más importante después de amar al Señor nuestro Dios (Mateo 22:37-40). Creo que con frecuencia pasamos por alto muchos pasajes de la Biblia o los vemos como lo ‘más normal’, pero no es así. Ayudar al pobre tiene un gran significado para Dios: “Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas acciones” (Proverbios 19:17). Imaginémonos ¡cuánto ganamos! Dios no se queda con nada guardado y nos pagará intereses sobre intereses porque se complace con esas obras.
Propongámonos ser más generosos y caritativos con el menesteroso.  Cuando veamos a una persona en dificultad económica o ante una catástrofe donde podamos servir, hagámoslo, no para que los demás nos vean sino para que Dios se goce con nuestra actuación. De otro lado, siempre ofrezcamos lo mejor; no lo que ya no nos sirve. Es un presente para el Señor, no para la persona en sí. “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lucas 6:38).

Amado Señor: Enséñanos a ser generosos y a mirarte a Ti cuando vemos a nuestro hermano desamparado y  débil. Pon en nuestros corazones el amor tuyo compasivo y misericordioso para brindarles no solamente alimento material sino espiritual también. Para darles un abrazo y que ellos sientan que no están solos. Que te vean a Ti a través de la mirada y cariño que les prodiguemos. Gracias buen Dios por tu enseñanza. ¡Te amamos Señor!

Un abrazo y bendiciones.

No permitas Señor que volvamos a los necios caminos

Presto mucha atención a lo que dice Dios el Señor, pues él da palabras de paz a su pueblo fiel. Pero no le permitas volver a sus necios cami...