sábado, 3 de enero de 2026

¡Alaba alma mía al Señor!

 Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. 

Salmo 103:1-2.


Lectura: Salmo 103:1-22.  Versículos del día: Salmo 103:2.


MEDITACIÓN DIARIA


Este Salmo es tan bonito y completo que con solo recitar los primeros dos versículos ya la alabanza continúa brotando fácilmente de nuestro ser. Sí alma mía, no olvides ninguno de sus beneficios. A diario el Señor nos llena con sus grandes bendiciones; es que el solo hecho de estar escribiendo este Devocional y tú estar leyéndolo es ya un gran beneficio que aparentemente es diminuto, pero que bien sabemos es transcendental para nuestra vida espiritual. El hecho de tener una cama para dormir, un pan encima de la mesa para comer, un familiar o allegado para compartir. Tener alguien que te brinde un abrazo, una sonrisa; o a una persona que te diga: ‘buenos días’ ¿cómo estás? Todos estos pequeños regalos son grandes muestras del amor del Señor por nosotros. Él perdona todos nuestros pecados; sana todas nuestras dolencias, nos da un techo para vivir, una cama para dormir e incluso nos ofrece otros pequeños detalles que en realidad son grandes. Una buena amistad, privilegios en cuanto a la salud, los hermanos de la Iglesia, los líderes o pastores que siempre están dispuestos a escuchar. La sonrisa de los niños, la tierna caricia de una madre, el sol que nos levanta y la luna que nos acuesta. La lluvia, el sol, la belleza de una noche estrellada, el murmullo del mar y la suave brisa del viento. ¡Son tantos los beneficios del Señor!

Gracias, muchas gracias mi Señor. No hay palabras para expresar tanto bien ofrecido en cada nuevo día. Tu bondad, misericordia, amor, compasión y ternura nos dejan sin palabra alguna. Eres Todo lo que necesitamos y anhelamos. Eres nuestro Papito Dios amoroso e incondicional; Eres el Dios que me perdona, me sana, me libera y me renueva. Eres el Dios que me rescata y me colma de bienes. Eres quien está atento a mis años y los pasas por encima para rejuvenecerme como al águila, para sanarme de cualquier dolencia. Tú me coronas con amor y misericordia. ¡Te amo mi Señor!


Un abrazo y bendiciones.

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