martes, 27 de enero de 2026

El ancla firme y confiable

Por ejemplo, estaba la promesa que Dios le hizo a Abraham. Como no existía nadie superior a Dios por quién jurar, Dios juró por su propio nombre, diciendo:  -Ciertamente te bendeciré y multiplicaré tu descendencia hasta que sea incontable. 

Hebreos 6:13-14. NTV.


Lectura:  Hebreos 6:1-20.  Versículos del día: Hebreos 6:13-14.


MEDITACIÓN DIARIA


Dios es inmutable; no cambia nunca y por consiguiente sus promesas siguen vigente a través de los años. El autor del Libro de Hebreos nos hace un llamado para no ser apáticos. A no ver la vida espiritual como insulsa, vacía y sin sentido. Por eso nos insta a seguir el ejemplo de los que confían en Dios, como Abraham. “Dios también se comprometió mediante un juramento, para que los que recibieran la promesa pudieran estar totalmente seguros de que él jamás cambiaría de parecer. Así que Dios ha hecho ambas cosas: la promesa y el juramento. Estas dos cosas no pueden cambiar, porque es imposible que Dios mienta. Por lo tanto, los que hemos acudido a él en busca de refugio podemos estar bien confiados aferrándonos a la esperanza que está delante de nosotros (vv. 17-18). Dios nos demuestra con la promesa a Abraham que Él es fiel a su pacto y por lo tanto nos asegura que sus promesas son confiables. “Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma; nos conduce a través de la cortina al santuario interior de Dios. Jesús ya entró allí por nosotros. Él ha llegado a ser nuestro eterno Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec” (vv. 19-20). Esa ancla nos conecta a través de Jesucristo con la presencia misma de Dios en el cielo. ¡Bendita esperanza la que tenemos los que hemos recibido al Señor Jesucristo como Salvador personal!

Gracias, bendito Señor, porque podemos confiar plenamente en Ti. Gracias porque a través de tu Palabra nos muestras que siempre cumples lo que prometes. Gracias bendito Señor Jesús por estar presente en nuestras vidas y ser Tú mismo el ancla que ha cruzado el abismo para abrirnos camino directamente a la presencia de Dios. ¡Te amamos y te damos toda la honra y gloria que solamente Tú mereces! ¡Aleluya!


Un abrazo y bendiciones.

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