Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.
Juan 3:3. NTV.
Lectura: Juan 3:1-15. Versículo del día: Juan 3:3.
MEDITACIÓN DIARIA
El Señor habla con Nicodemo y Nicodemo sin entender le dice: “—¿Qué
quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al
vientre de su madre y nacer de nuevo? Jesús le contestó: —Te digo la verdad, nadie
puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu. El ser
humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del
Espíritu Santo. Así que no te sorprendas
cuando digo: -Tienen que nacer de nuevo-” (vv. 4-7) en la lectura.
Y
querido lector, si tú quieres entrar al reino de Dios, también tienes que nacer
de nuevo. Este nacimiento se da cuando recibes en tu vida a Jesús como tu Señor
y Salvador; es la única manera de obtener la salvación. Perdona que sea tan
directa con esto, pero es que no hay otra manera. Todos somos pecadores: “Por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
Dios en su infinito amor mandó a su Hijo Jesucristo a morir en nuestro lugar: “Mas
Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo
murió por nosotros” (Romanos 5:8). Así que Jesús es el único camino para llegar
a Dios Padre: “Jesús le dijo: Yo soy
el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan
14:6). Y por esto debemos recibirlo como Señor y
Salvador: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les
dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
Recibimos
a Cristo a través de una oración. Orar es hablar con Dios; Él no está
interesado en la belleza de tus palabras sino en la sinceridad de tu corazón.
Si te parece, te puedo guiar con una oración; dile así:
Señor
Jesucristo: entiendo que me amas y que moriste en una cruz por mis pecados. Hoy
decido entregarte mi vida para que vengas a morar conmigo y seas mi Señor y
Salvador. Toma el trono que yo manejo y hazme la persona que deseas que yo sea.
Gracias Jesús por perdonar mis pecados, limpiarme y permitirme nacer de nuevo para
darme la vida eterna a tu lado. Amén.
Un
abrazo y bendiciones,
Dora
C.
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