Es cierto que todos cometemos muchos errores. Pues, si pudiéramos dominar la lengua, seríamos perfectos, capaces de controlarnos en todo sentido.
Santiago 3:2, NTV.
Lectura: Santiago 3:1-12. Versículo del día: Santiago 3:2.
MEDITACIÓN DIARIA
Sí; así es. ¡Cuántas veces nos
hemos arrepentido de haber hablado más de la cuenta! U otras veces haber herido
a alguien. Incluso haber peleado con alguna persona y proferir palabras que ofenden,
que humillan, que irritan. Porque es muy cierto que: “De la misma manera, la
lengua es algo pequeño que pronuncia grandes discursos. Así también una sola
chispa puede incendiar todo un bosque. De todas las
partes del cuerpo, la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de
maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el
infierno mismo la enciende” (vv. 5-6 en la lectura). Con la lengua alabamos,
pero también ofendemos; si nos dejamos llevar por este pequeño instrumento y no
lo controlamos, nos vamos a acarrear serios problemas.
Pidámosle al Señor que nos ayude a controlar
nuestras palabras; que, si nos ofenden, no devolvamos de la misma manera.
Demostremos que somos diferentes: que tenemos al Espíritu Santo quien nos da
poder y dominio propio. Recurramos a Él, respiremos tranquilos y perdonemos la
ofensa. Dios no se queda con nada guardado; así que dejemos la ofensa en manos
de Él. Miremos lo que nos dice: “No tomen venganza, queridos hermanos, sino
dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: -Mía es la
venganza; yo pagaré-, dice el Señor (Romanos 12:19 NVI).
Amado Señor Jesús: gracias porque no solamente nos enseñas a través de tu Palabra; también nos das la confianza plena de que Eres Tú peleando directamente por nosotros. Gracias bendito Señor por darnos el dominio propio y la convicción que vas adelante abriendo puertas y quitando llaves y cerrojos. Gracias porque con Tu Santo Espíritu nos dominas y nos llenas. Gracias porque si hay malentendidos con los que nos rodeamos, Tú sales adelante, nos defiendes y nos das la capacidad de perdonar y de pedir perdón. Gracias, gracias, bendito Señor. ¡Te amamos Rey de reyes y Señor de señores! ¡Aleluya!
Un abrazo y bendiciones.