Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, Dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; Pues ¿por qué había de estar yo como errante Junto a los rebaños de tus compañeros?
Cantares 1:7. RVR1960.
Lectura: Cantares 1:1-8. Versículo del día Cantares 1:7.
MEDITACIÓN DIARIA
Cantar de los Cantares es un
Libro escrito por el Rey Salomón. Aquí no solamente se muestra lo que debe ser
la relación entre esposos, sino que, es mucho más: es la relación de Cristo con
su esposa, la Iglesia. Así que cada verso, cada palabra, tómala directamente
del Señor Jesús para ti. Cantares es hermoso y saber que el Señor, nuestro
Amado nos trata de ese modo tan especial, doblega el corazón y nos enamora cada
día más de Jesús, nuestro Señor y Salvador. Lo que después le responde el Señor
es completamente cautivador: “Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres,
Ve, sigue las huellas del rebaño, Y apacienta tus cabritas junto a las cabañas
de los pastores” (v. 8). El amado es el Pastor (Jesús), que cuida a sus ovejas;
este es el anhelo que debemos tener como cristianos, aspirando la presencia del
Señor en lo íntimo de nuestro ser, así sea un minuto nada más, pero un minuto
que se alargue en alabanza, reverencia y adoración y no salir a buscar consuelo
a lugares equivocados. Nuestro Señor lo llena todo, todo, absolutamente todo.
Busquemos esa intimidad con nuestro buen Señor; anhelemos ese tiempo y lugar de
descanso y comunión. Es hermoso descansar en sus brazos y dejarnos consentir
por Él.
¡Ven amado
mío! Tú Eres el perfume que embriaga mi ser, Eres la fuente de mi vida, Eres
todo lo que yo había soñado y anhelado. ¿Cómo no decir que Eres el más dulce de
los amores? Tu amor es ternura, tu amor es delicadeza, es suavidad; tu amor es
saber que siempre estás dispuesto para mí. Nunca me rechazas, siempre me miras
con el amor que sobrepasa todo entendimiento. Un amor que ni siquiera yo
entiendo, pero que sé, que es el que me ofreces. Gracias, mi Jesús por amarme
tanto. Hazme buscarte cuando sola yo me encuentre porque como lo dice tu
Palabra, mejores son tus amores que el vino y tu Nombre… tu Nombre esparce
suaves olores; tu fragancia es deseable. Gracias, gracias Amado mío. Eres el
anhelo de mi corazón. ¡Te amo mi Jesús Admirable! ¡Te amo mi dulce Compañía!
Un abrazo y bendiciones.
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