martes, 12 de mayo de 2026

La vana ilusión se disipa con Jesús de Nazaret

 Luego me puse a pensar en todo lo que había hecho, y en todo el trabajo que me había costado hacerlo, y me di cuenta de que nada de esto tenía sentido; todo había sido como querer atrapar el viento. ¡En esta vida nadie saca ningún provecho! 

Eclesiastés 2:11. TLA.


Lectura: Eclesiastés 2:1-11.  Versículo del día: Eclesiastés 2:11.


MEDITACIÓN DIARIA


El rey Salomón considerado el más sabio de los hombres, llegó a la conclusión que todo en esta vida, era como querer atrapar el viento. ‘Consideró que nada tiene sentido’; ‘que nada vale la pena’ y entonces dice: “Lo cierto es que mientras más se sabe, más se sufre; mientras más se llena uno de conocimientos, más se llena de problemas” (Eclesiastés 1:18). “Todo lo hice en grande: construí mis propias casas, planté mis propios viñedos, cultivé mis propios jardines, y en mis huertos planté toda clase de árboles frutales. También mandé construir represas de agua para regar los árboles que allí crecían” (vv.4-6 en la lectura). Y después de tanto quehacer, se da cuenta que “todo había sido como querer atrapar el viento”. Otras versiones lo descifran como una ‘vana ilusión’ o simplemente como ‘todo era vanidad’. Y cuando nos ponemos a mirar detalladamente la vida, podemos llegar a coincidir con Salomón. Yo diría: que la vida es una vana ilusión y que el único que le da verdadero sentido es Jesús. Por eso considero que hay tanto suicidio y tanto demente a nuestro alrededor. El hombre fue dotado con un área espiritual también y como dijo Blas Pascal: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada, sino solo por Dios, el Creador, dado a conocer a través de Jesús”. La vana ilusión se disipa con Jesús de Nazaret. ¡Llena esa área de tu vida!

Por eso, querido lector, si no tienes a Jesús en tu vida, te desafío a que lo invites. Vino a morir por ti y resucitó para que también tú resucites con Él. Habla con Jesús, te puedo guiar con una corta oración, dísela sinceramente:

Señor Jesucristo: entiendo que te necesito y que viniste a dar tu vida por mí. Hoy te pido perdón por todos mis pecados y te abro la puerta de mi vida para que seas mi Señor y Salvador. Toma el control del trono que yo manejo y hazme la persona que deseas que yo sea. Gracias Jesús por perdonarme, limpiarme, permitirme conocerte y darme la vida eterna a tu lado; amén.


Un abrazo y bendiciones.

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