Luego me puse a pensar en todo lo que había hecho, y en todo el trabajo que me había costado hacerlo, y me di cuenta de que nada de esto tenía sentido; todo había sido como querer atrapar el viento. ¡En esta vida nadie saca ningún provecho!
Eclesiastés 2:11. TLA.
Lectura: Eclesiastés 2:1-11. Versículo del día: Eclesiastés 2:11.
MEDITACIÓN DIARIA
El rey Salomón considerado el más
sabio de los hombres, llegó a la conclusión que todo en esta vida, era como
querer atrapar el viento. ‘Consideró que nada tiene sentido’; ‘que nada vale la
pena’ y entonces dice: “Lo cierto es que mientras más se sabe, más se sufre;
mientras más se llena uno de conocimientos, más se llena de problemas”
(Eclesiastés 1:18). “Todo lo hice en grande: construí mis propias casas, planté
mis propios viñedos, cultivé mis propios jardines, y en mis huertos planté toda
clase de árboles frutales. También mandé construir represas de agua para regar
los árboles que allí crecían” (vv.4-6 en la lectura). Y después de tanto
quehacer, se da cuenta que “todo había sido como querer atrapar el viento”. Otras
versiones lo descifran como una ‘vana ilusión’ o simplemente como ‘todo era
vanidad’. Y cuando nos ponemos a mirar detalladamente la vida, podemos llegar a
coincidir con Salomón. Yo diría: que la vida es una vana ilusión y que el único
que le da verdadero sentido es Jesús. Por eso considero que hay tanto suicidio
y tanto demente a nuestro alrededor. El hombre fue dotado con un área espiritual
también y como dijo Blas Pascal: “En el corazón de todo hombre existe un vacío
que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa
creada, sino solo por Dios, el Creador, dado a conocer a través de Jesús”. La
vana ilusión se disipa con Jesús de Nazaret. ¡Llena esa área de tu vida!
Por eso, querido lector, si no
tienes a Jesús en tu vida, te desafío a que lo invites. Vino a morir por ti y
resucitó para que también tú resucites con Él. Habla con Jesús, te puedo guiar
con una corta oración, dísela sinceramente:
Señor Jesucristo: entiendo que te necesito y que viniste a dar tu vida por mí. Hoy te pido perdón por todos mis pecados y te abro la puerta de mi vida para que seas mi Señor y Salvador. Toma el control del trono que yo manejo y hazme la persona que deseas que yo sea. Gracias Jesús por perdonarme, limpiarme, permitirme conocerte y darme la vida eterna a tu lado; amén.
Un abrazo y bendiciones.
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