miércoles, 23 de septiembre de 2026

Las fuertes tormentas llevan a la victoria

 Les ruego que coman algo, pues lo necesitan para sobrevivir. Ninguno de ustedes perderá ni un solo cabello de la cabeza. 

Hechos 27:34 NVI.


Lectura del día: Hechos 27:27-44.  Versículo del día; Hechos 27:34.


MEDITACIÓN DIARIA


Pablo en su viaje a Roma tuvo que enfrentar una tempestad en el mar, la cual terminó en naufragio. Pablo animó a todos diciéndoles que comieran algo para sobrevivir y muy firme les enfatizó: “Ninguno de ustedes perderá ni un solo cabello de la cabeza”. Pablo lo sabía porque un ángel de Dios le había dicho que no temiera porque nadie perecería (Hechos 27:24). Así que Pablo siguió adelante en su misión, incluso celebró allí, la Cena del Señor: “Dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios delante de todos. Luego lo partió y comenzó a comer. Todos se animaron y también comieron. Éramos en total doscientas setenta y seis personas en el barco” (vv. 35-37 en la lectura). Después de esto, el barco encalló y se partió. Los soldados querían matar a los presos, pero el Centurión no lo permitió; entonces dio orden de que los que pudieran nadar saltaran por la borda para llegar a tierra y así sucedió. Los planes de Dios son perfectos; Él sabe por dónde conducirnos, con tal de que su propósito se cumpla. No sé, pero tal me pareciese como si nunca hubiera hecho esta lectura, porque estoy admirando más el denuedo de Pablo y aprendiendo de él. Para concluir, aprendamos la lección: no nos desanimemos en nuestra tarea emprendida, así veamos que vienen tormentas sobre nuestras vidas. Creo que cuando estas aparecen, es porque la victoria será mayor.

Amado Señor: muchas gracias por lo enseñado hoy a través de la lectura. Bien sabemos que no somos en lo más mínimo parecidos a Pablo, pero Tú buen Señor, puedes colocar en nuestro corazón el mismo deseo y denuedo de él, para transmitir el mensaje de salvación. No nos dejes ver Señor los tropiezos, sino llévanos al final para ver la gloria Tuya manifestada en cada mensaje que compartimos. Utilízanos, Señor; toda la gloria y honra son Tuyas y Tú Eres quien la mereces. ¡Aleluya!


Un abrazo y bendiciones.

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