viernes, 18 de septiembre de 2026

Tiempos buenos y tiempos difíciles provienen de Dios

Disfruta de la prosperidad mientras puedas, pero cuando lleguen los tiempos difíciles, reconoce que ambas cosas provienen de Dios. Recuerda que nada es seguro en esta vida. 

Eclesiastés 7:14. NTV.


Lectura: Eclesiastés 7:13-17.  Versículos del día: Eclesiastés 7:13-14.


MEDITACIÓN DIARIA


Miremos el versículo del día, en otra versión; mirémoslo desde el anterior: “Fíjate en lo que Dios ha hecho, y verás que nadie puede enderezar lo que él ha torcido. Por eso, cuando vengan los buenos tiempos, disfrútalos; pero cuando lleguen los tiempos malos ponte a pensar que todo viene de Dios, y que nunca sabemos lo que nos espera”. Eclesiastés 7:13-14. TLA. Es tal como lo dice el dicho de siempre: “La hoja del árbol no se cae sin la voluntad de Dios”. Este dicho es muy conocido y nos muestra la soberanía de Dios en toda su creación. Dios es Soberano y tiene el control absoluto de todo el universo; entendamos, no solamente de la tierra, es de todo el universo. ¿Nosotros como humanos lo entendemos? Claro que no; pero por fe sabemos que así es; por eso nos dice el versículo del día que hay que reconocerlo en tiempos buenos y en tiempos malos. Añadiría, lo que dice otro versículo en el Nuevo Testamento: “Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18 NTV). O sea, demos gracias en todo tiempo. Precisamente en estos momentos están pasando una noticia en un canal que yo escucho, en que dicen que puede suceder la Tercera Guerra Mundial y si esto sucede, ya está escrito en Apocalipsis. Y bueno, terrible sería; pero bien sabemos que para allá va el mundo. Dios nos manda entonces a orar, porque los designios de Dios son inescrutables y nunca sabemos lo que nos espera.

Amado Señor: te damos gracias porque Tú Eres Soberano, Omnipotente, Omnipresente, Eterno, Fiel e Inmutable. Tú sabes exactamente Señor lo que nos espera; todos los tiempos son Tuyos. Llénanos de tu Presencia y permite que estemos preparados para cuando lleguen los días malos. Bendito Señor, mi corazón sufre por tantos que no te conocen; danos el denuedo para compartirles de tu reino, te conozcan y lleguen a encontrar tu camino que es el único que lleva a la vida eterna. Gracias, muchas gracias mi Señor y Dios. ¡Te adoramos!


Un abrazo y bendiciones.

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