Mis amados hermanos, ¿cómo pueden afirmar que tienen fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo si favorecen más a algunas personas que a otras?
Santiago 2:1. NTV.
Lectura del día: Santiago 2:1-13.
Versículo del día: Santiago 2:1.
MEDITACIÓN DIARIA
En estos últimos días he estado
pensando y meditando ¿hasta dónde nosotros los que nos llamamos cristianos
verdaderamente amamos al prójimo como el Señor nos ordenó amarlo? Y hoy
precisamente, el Señor me muestra la respuesta. Miremos lo que nos dicen los
versículos siguientes de la lectura: “Por ejemplo, supongamos que alguien llega
a su reunión vestido con ropa elegante y joyas costosas y al mismo tiempo entra
una persona pobre y con ropa sucia. Si ustedes le dan un trato preferencial a
la persona rica y le dan un buen asiento, pero al pobre le dicen: -Tú puedes
quedarte de pie allá o bien sentarte en el piso-, ¿acaso esta discriminación no
demuestra que sus juicios son guiados por malas intenciones?” (vv. 2-4 en la
lectura).
El Espíritu Santo me motivó a
realizar este Devocional en aras de mandar un mensaje a la Iglesia en general,
para amar al prójimo tal como el Señor nos amó a nosotros. Nos tenemos que amar
sin distingos de clase alguna: “Ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre,
hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28
NVI); Miremos lo que dijo el mismo Señor Jesús: “Ama al Señor tu Dios con todo
tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento
y el más importante. Hay un segundo mandamiento que es igualmente
importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39 NTV). El
amor es la base de todo: (1 Corintios 13:1-7). Así es; si no tenemos amor, nada
somos, nos falta todo.
Amado Señor
Jesús: te pedimos perdón por nuestra falta de amor al prójimo. Señor Jesús, haz
que nosotros, lo que decimos que te amamos, demostremos el amor hacia Ti
reflejado en mi hermano que está a mi lado; en el que entra a rendirte culto
porque tiene hambre de Ti, pero va despojado de trajes vistosos; en aquel que
llora en silencio porque sus problemas lo aquejan. ¡Oh, buen Señor! Ablanda
nuestro corazón para que sea de carne y pueda entender el dolor ajeno. No
permitas que nos encerremos en nosotros mismos y seamos indiferentes con el
hermano que sufre y llora. Gracias, bendito Señor por escuchar nuestra oración.
Un abrazo y bendiciones.
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