viernes, 22 de mayo de 2026

Eres mi Todo y Mío para siempre

Pero en cuanto a mí, casi perdí el equilibrio; mis pies resbalaron y estuve a punto de caer, porque envidiaba a los orgullosos cuando los veía prosperar a pesar de su maldad. 

Salmo 73:2-3. NTV.


Lectura: Salmo 73:1-28.   Versículos del día: Salmo 73:2-3.


MEDITACIÓN DIARIA


A veces nos sucede que pareciera que antes no hubiéramos visto la porción de la Biblia que estamos leyendo. Hoy me pasó exactamente eso, con este Salmo. Lo leí y lo volví a leer y tal como dice el Salmista, me cuestioné porque en muchas situaciones, le he preguntado al Señor, ¿por qué a esa persona que es tan mala, le va tan bien? (vv. 2 y 3). Creo que a veces no alcanzamos a dimensionar la soberanía de Dios, por una parte; y por la otra, la misericordia y amor de Él, aún por los pecadores. “Pareciera que viven sin problemas; tienen el cuerpo tan sano y fuerte. No tienen dificultades como otras personas; no están llenos de problemas como los demás” (vv. 4 y 5 en la lectura). Entonces, “Traté de entender por qué los malvados prosperan, ¡pero qué tarea tan difícil!” (v. 16). Sin embargo, el Señor nos da la respuesta: “En verdad, los pones en un camino resbaladizo y haces que se deslicen por el precipicio hacia su ruina. Al instante, quedan destruidos, totalmente consumidos por los terrores” (vv. 18-19). El Salmista termina su Salmo reconociendo que fue necio e ignorante sus cuestionamientos a Dios, entonces dice: “Sin embargo, todavía te pertenezco; me tomas de la mano derecha. Me guías con tu consejo y me conduces a un destino glorioso” (vv. 23-24). Y sin decirnos mentiras tenemos que admitir que nos pasa exactamente igual. Podemos contender con el Señor y abrirle el corazón de par en par, incluso cuestionándolo porque creemos no estar de acuerdo con sus desafíos. Pero al final hay que reconocer que Él es lo más hermoso que tenemos, Él es nuestro Todo; sí, Él es mi TODO: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Te deseo más que cualquier cosa en la tierra. Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; él es mío para siempre”. Sí, sí; con alegría y gratitud gritaré muy fuerte: ¡Que Él es MÍO para siempre!

Bendito Señor Jesús: muchas gracias por permitirnos acercarnos a Ti para proclamar tu Nombre y para decirte que reconocemos tu soberanía, misericordia y amor. Gracias porque al igual que el Salmista también yo digo que te pertenezco; que necesito me tomes de la mano y me guíes con tu consejo. Gracias Buen Jesús, Eres mi Todo y te necesito; sin Ti no se volar, no sé andar. ¡Te deseo más que cualquier cosa en la tierra! ¿A quién tengo yo en el cielo sino a Ti? Mi Buen Señor, Eres mi TODO y sin Ti, no soy nada. Eres MÍO para siempre. ¡Aleluya!


Un abrazo y bendiciones.

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