Juan respondió: Yo bautizo con agua, pero entre ustedes hay alguien a quien no conocen y que viene después de mí, al cual yo no soy digno ni siquiera de desatarle la correa de las sandalias.
Juan 1:26-27. NVI.
Lectura: Juan 1:19-28. Versículos del día: Juan 1:26-27.
MEDITACIÓN DIARIA
Juan el Bautista, responde a
quienes le preguntaban si él era Elías o el profeta que estaban esperando, y él
responde algo muy sincero y revelador; este es su testimonio: “hay alguien a
quien no conocen y que viene después de mí, al cual no soy digno ni siquiera de
desatarle las correas de la sandalia”. Juan les responde, citando a Isaías: “Soy
una voz que clama en el desierto: “¡Abran camino para la llegada del Señor!” (Isaías
40:3). Juan, le preparó el camino al Señor. Y como lo fariseos le seguían
preguntando sobre su procedencia y con qué derecho bautizaba en agua, él
humildemente les responde que su bautismo es simplemente una preparación, para
el que ya está, pero que ellos no conocen y reconoce que Él (el Señor Jesús), es
tan superior, que ni siquiera Juan es digno de desatarle las correas de las
sandalias. En esa época, el trabajo más bajo era desatar las sandalias. Es de
admirar la sabiduría del Bautista, con esa respuesta que dio, reconociendo a
Jesús como el Mesías esperado.
Los tiempos que estamos viviendo
son caóticos y alejados de Dios. Ese Jesús del que Juan el Bautista, les
hablaba a los fariseos murió y resucitó por ti, para darte vida y vida eterna. Una
buena pregunta: ¿para ti quién es Jesús? Si no conoces a Jesús como tu Salvador
personal, te lo presento, Él vino a morir por ti, para que tú tengas vida y el
derecho a gozar de la patria celestial a su lado. Teniendo en cuenta que orar
es hablar con Dios, puedes decirle con tus propias palabras que lo necesitas y deseas
conocerlo. Si no sabes cómo hacerlo, te puedo sugerir la siguiente oración; así
vas a conocerlo y tendrás la salvación:
Señor Jesús:
entiendo que Eres el Mesías prometido que viniste al mundo para salvarme y
darme vida eterna a tu lado. Hoy reconozco que soy pecador y que te necesito; perdona
mis pecados, toma el control del trono que yo manejo y hazme la persona que
deseas que yo sea. Gracias Jesús por perdonarme, limpiarme y darme la
salvación. Amen.
Un abrazo y bendiciones.
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