Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre.
Hebreos 13:15. NVI.
Lectura: Hebreos 13:1-16.
Versículo del día: Hebreos 13:15.
MEDITACIÓN DIARIA
Desde siempre me ha gustado este
versículo porque me parecía muy bonito darle gracias al Señor y alabarlo por lo
que Él es y por lo que ha hecho en mí. Pero profundizando un poco más, encontré
algo que me cuestionó y fue como si el mismo Señor me dijera: ¿es cierto eso
Dora? ¿También ofreces alabanza cuando estás decaída o cuando las cosas no te
salen como deseas? Y sí; no es fácil alegrarnos y rendir alabanza a nuestro
Señor cuando pasamos por un momento doloroso o cuando estamos al borde de una
cirugía y no sabemos si volveremos a despertar. Yo he tenido dos momentos
difíciles en cuanto a mi salud para afrontar y si no estoy mal, le he orado al
Señor, le he pedido que me guarde, que me vuelva a levantar, pero honestamente
no recuerdo haberle adorado y agradecerle por esas situaciones. Hoy el Señor me
hace caer en cuenta que he sido una desagradecida con Él. El Señor siempre
llevándome de su mano y yo, claro, sí le di las gracias como porque sí, pero no
como debiera de haberlo hecho: como un sacrificio de alabanza, con alegría, con
regocijo, con gratitud y no como un sacrificio de quejabanza.
Amado Dios y
Padre mío: gracias por enseñarme y exhortarme a rendirte culto de adoración y
gratitud, no solamente en momentos alegres y fáciles, sino en toda situación.
Perdóname porque en vez de alabarte me dejo llevar por la queja, la tristeza, la
incertidumbre y no te honro como lo mereces. Mi buen Papito, aunque sea tarde,
hoy quiero rendirte culto con todo mi ser; con toda mi alma, con toda mi voluntad
y todos mis sentimientos. Gracias por estar conmigo siempre, por no soltarme de
tu mano, por amarme a pesar de. Gracias, gracias mi Padre Eterno. Gracias Señor
Jesús por interceder por mí ante el trono de la gracia, allá arriba, al lado de
mi Padre Celestial. Te amo Padre mío; te amo mi Dulce Señor, te amo Precioso
Espíritu Santo porque Eres Tú quien me redarguyes de pecado y me llenas para ofrecer
la verdadera adoración a la Amada Trinidad.
Un abrazo y bendiciones.