Tengo la misma esperanza en Dios que la que tienen estos hombres, la esperanza de que él resucitará tanto a los justos como a los injustos. Por esto, siempre trato de mantener una conciencia limpia delante de Dios y de toda la gente.
Hechos 24:15-16 NTV.
Lectura: Hechos 24:1-21. Versículos del día: Hechos 24:15-16,
MEDITACIÓN DIARIA
Pablo ante Félix dando su
discurso de defensa por la acusación de los judíos. Lo acusaban de provocar
disturbios y ser un hombre constantemente alborotador. Pablo reconoció ante
Félix que era seguidor del Camino y que era firme en la ley judía, diciendo: “Adoro
al Dios de nuestros antepasados y firmemente creo en la ley judía y en todo lo
que escribieron los profetas. Tengo la misma esperanza en Dios que la que
tienen estos hombres, la esperanza de que él resucitará tanto a los justos como
a los injustos. Por esto, siempre trato de mantener una conciencia limpia
delante de Dios y de toda la gente. Después de estar ausente durante varios
años, regresé a Jerusalén con dinero para ayudar a mi pueblo y para ofrecer
sacrificios a Dios.” (vv. 14-17 en la lectura).
El apóstol Pablo, seguidor del Señor Jesucristo, era un hombre muy preparado y que conocía a la perfección la Ley de Dios, pero al tener ese encuentro con el Señor Jesús y experimentar la manera como Él lo buscó, se entregó completamente a seguirlo sin desconocer la ley judía, pero ya teniendo claro que Jesús vino a morir por nuestros pecados y que solamente en Él hay salvación. Además de esto, Pablo era muy respetuoso con sus superiores. Así que no había motivo para acusarlo. Sin embargo, “Félix, quien estaba familiarizado con el Camino levantó la sesión y dijo: Esperen hasta que llegue Lisias, el comandante de la guarnición. Entonces tomaré una decisión sobre el caso” (v. 22).
Amado Señor:
gracias porque sigues enseñándonos a través de tu siervo Pablo a resistir en
los ataques que el enemigo siempre quiere interponer para que Tu mensaje de
salvación no sea compartido. Te rogamos buen Jesús, que, a través de tu Santo
Espíritu, nos permitas discernir y no dejarnos engañar por el maligno. Danos el
denuedo para hablar que Tú Eres el Hijo de Dios, muerto y resucitado que
viniste a morir en nuestro lugar para que, si creemos en Ti, encontremos la
salvación y el derecho a la vida eterna Contigo. Gracias, gracias bendito Señor
y Salvador nuestro. ¡Te amamos y agradecemos tanto amor por nosotros!
Un abrazo y bendiciones.
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