Cuando vayas a la casa de Dios, cuida tus pasos y acércate a escuchar en vez de ofrecer sacrificio de necios, que ni conciencia tienen de que hacen mal. No te apresures, ni con la boca ni con el corazón, a hacer promesas delante de Dios; él está en el cielo y tú estás en la tierra. Mide, pues, tus palabras.
Eclesiastés 5:1-2. NVI.
Lectura: Eclesiastés 5:1-7. Versículos del día: Eclesiastés 5:1-2.
MEDITACIÓN DIARIA
Si que es importante tener en cuenta lo que
nos dice el Libro de Eclesiastés en estos primeros vesículos del capítulo 5. Es
que a veces somos muy apresurados para hablar y hablamos más de la cuenta; bien
dice el dicho: “Quien mucho habla mucho yerra”. Y así es. Por esta misma razón
es que debemos saber medir nuestras palabras, especialmente cuando queremos
prometerle algo al Señor; “Es mejor no hacer promesas que hacerlas y no
cumplirlas” (v. 5 en la lectura). Y esto también aplica para cualquier persona a
la que le prometamos algo. De ahí la importancia desde pequeños inculcarle esta
verdad a nuestros niños y a la vez darles ejemplo al respecto. Así que, si tú
le prometes a tu hijito un premio por una u otra cosa y él lo realiza muy
juicioso, cúmplele lo prometido. Y pensemos; si esto es con un ser humano, ¿cómo
no será con Dios? Mide, mide tus palabras. Hay que guardar prudencia y discreción;
el hablar tanto conduce a equivocarse, a revelar información confidencial o a
decir cosas inoportunas. Hay que pensar antes de hablar y no hablar para
pensar. La lengua y la palabra tienen un poder inmenso. “La lengua puede traer
vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias” (Proverbios
18:21. NTV).
Amado Señor: hoy
venimos a dejar ante Ti todas nuestras palabras, especialmente cuando nos
acercamos a Ti. Buen Señor, te pedimos perdón por la cantidad de veces que
hemos hablado sin pensar; hemos ofendido con nuestras palabras o hemos hablado prometiendo
algo que no vamos a cumplir o no cumplimos. Señor; definitivamente con la boca
pecamos mucho. Enséñanos a ser prudentes, discretos, sinceros y a utilizar
nuestros labios solo para bendecir o exaltar. Gracias, muchas gracias bendito
Señor.
Un abrazo y bendiciones.
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