Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Juan 3:16. NTV.
Lectura: Juan 3:16-21. Versículo del día: Juan 3:16.
MEDITACIÓN DIARIA
La lectura del día es muy clara
respecto a la salvación. Miremos los versículos que siguen: “Dios no envió a su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. No
hay condenación para todo el que cree en él, pero todo el que no cree en él ya
ha sido condenado por no haber creído en el único Hijo de Dios” (vv. 17-18 en
la lectura). Tristemente, por lo menos en mi país, Colombia, tan arraigado a la
tradición de siempre, se nos enseñó que había otros caminos para llegar a Dios
Padre, como a través de la virgen María, o de tal o cual santo, sin ser así. La
Palabra de Dios es muy clara al afirmarnos que: “Esta condenación se basa en el
siguiente hecho: la luz de Dios llegó al mundo, pero la gente amó más la
oscuridad que la luz, porque sus acciones eran malvadas. Todos
los que hacen el mal odian la luz y se niegan a acercarse a ella porque temen
que sus pecados queden al descubierto, pero los que hacen lo correcto se
acercan a la luz, para que otros puedan ver que están haciendo lo que Dios
quiere” (vv. 19-21) y Jesús es la luz del mundo: “Jesús habló una vez más al
pueblo y dijo: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que
andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida” (Juan 8:12). Recordemos
lo que el Señor Jesús también dijo: “—Yo soy el camino, la verdad y la vida
—contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6 NVI).
Definitivamente, no hay vuelta de
hoja: solamente a través de ese Único camino, podemos llegar a Dios Padre y
alcanzar la salvación. Así que querido lector, si tú nunca le has entregado tu
vida a Jesús, te invito para que lo hagas en este momento. Te aseguro que es la
mejor decisión que podrás tomar en tu vida, porque gozarás de una vida
diferente aquí en la tierra y tendrás, lo más importante que es la vida eterna
al lado del Señor Jesús.
Amado Señor
Jesús: reconozco que he andado en completa oscuridad; perdona mis pecados. Hoy
quiero acercarme a esa Luz que Eres Tú; te doy gracias, porque me muestras que
es necesario que vengas a morar en mi vida y decido aceptarte como mi Señor y
Salvador; toma el control del trono que yo manejo y hazme la persona que deseas
que yo sea. Gracias Señor por perdonarme, limpiarme y darme la vida eterna a tu
lado. Amén.
Un abrazo y bendiciones.
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