Escúchame, pueblo mío, en tanto te doy severas advertencias. ¡Oh Israel, si tan solo me escucharas!
Salmo 81:8. NTV.
Lectura: Salmo 81:8-16. Versículo del día: Salmo 81:8.
MEDITACIÓN DIARIA
Este es el clamor del Señor por su pueblo; sin
embargo, el pueblo de Israel no escuchó a su Señor. “Pero no, mi pueblo no
quiso escuchar; Israel no quiso que estuviera cerca” (v. 11 en la lectura). Israel,
nunca entendió el gran amor de su Señor por ellos. Entonces, sucedió lo
inevitable: “Así que dejé que siguiera sus tercos deseos y que viviera según
sus propias ideas. ¡Oh, si mi pueblo me
escuchara! ¡Oh, si Israel me siguiera y caminara por mis senderos! ¡Qué
rápido sometería a sus adversarios! ¡Qué pronto pondría mis manos sobre sus
enemigos!” (vv. 12-14).
Cambiemos ese “Israel” por
nuestro propio nombre: ¡Oh, si Dora me siguiera y caminara por mis senderos! ¡Qué
rápido sometería a sus adversarios! ¡Qué pronto pondría mis manos sobre sus
enemigos!”. Si en verdad lo siguiéramos, simplemente, el Señor pelearía por
nosotros. Caminaríamos tranquilos, porque nuestro andar sería de su mano. Muy
seguramente cuando conociste al Señor lo proclamaste: “Tú has declarado hoy que
el Señor es tu Dios y has prometido andar en sus caminos y obedecer sus
decretos, mandatos y ordenanzas, y hacer todo lo que él te diga” (Deuteronomio
26:17. NTV). Nos sucede que con el tiempo se nos olvida lo que le hemos dicho
al Señor, pero que bonito que el Señor usa cualquier instrumento para
recordarnoslo. Aparte de eso, a veces creemos que el Señor se equivocó y que ese
no es nuestro camino. No, no; nunca dejemos que el maligno nos confunda porque
“Perfecto es el camino de Dios” (Salmo 18:30 NTV). Puede que no lo entendamos,
pero es que así son sus caminos: “¡Oh profundidad de las riquezas, de la
sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e
inescrutables sus caminos!”. (Romanos 11:33 RVA 2015).
Amado Señor Jesús: gracias porque sin derecho a equivocarnos Tú nos mostraste cuál es el verdadero camino. Gracias porque no existe otro; tu camino es inescrutable, es perfecto. Gracias, bendito Señor, porque un día nos llamaste a seguir tu camino y aunque a lo largo de la travesía hemos encontrado piedras y tropiezos, tu brazo poderoso nos levanta para continuar. Sigue Señor llevándonos de tu mano y no permitas que nos desviemos del camino trazado. Gracias, gracias buen Señor y Dios nuestro. ¡Te amamos!
Un abrazo y bendiciones.
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