jueves, 28 de mayo de 2015

Seamos sensibles a su voz




El ángel del Señor le preguntó: ¿Por qué golpeaste tres veces a tu burra? ¿No te das cuenta de que vengo dispuesto a no dejarte pasar porque he visto que tus caminos son malos? 
Números 22:32.


Lectura: Números 22:1-35. Versículo del día: Números 22:32.

MEDITACIÓN DIARIA

Muy seguramente nos ha ocurrido mil veces lo mismo: El Señor diciéndonos: ‘por aquí no’ y poniendo obstáculo tras obstáculo para que nosotros desistamos y tenemos también nublados los ojos como Balán (v. 31). El Señor que lo sabe todo, conoce nuestras intenciones; e inclusive muchas otras nos desvía precisamente, para que no tropecemos y caigamos. No siempre porque vamos incorrectamente; más bien, no nos deja pasar, previniéndonos de alguna cosa mala que nos pueda suceder.
Seamos sensibles a la voz de Dios; Él puede manifestarse de varias maneras. Pongamos al Señor constantemente adelante; pidámosle al Espíritu Santo que sea Él quien nos guíe a toda verdad intercediendo por nosotros (Romanos 8:26). Busquémoslo en oración hablándole y permitiéndole que lo haga también a través de su Palabra. Dios, igual  nos puede hablar a través de otra persona sea predicador o secular. Por eso es mejor tenerlo  persistentemente tal como nos lo hace saber Santiago en su Carta: “Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:15), y no como mucho lo interpretan, creyendo que Dios nos manipula y no tenemos poder de decisión. Más bien, reconociéndolo como Dios soberano que es, y que en el momento que quiera puede llevarnos sin preguntarnos si estamos de acuerdo o no.

Amado Señor: Enséñanos a ser sensibles a tu voz permitiendo que podamos tomar sabias decisiones. Llénanos de tu Santo Espíritu para que sea Él quien nos dé el discernimiento y la dirección exacta para no desviarnos del camino. Gracias por tu Palabra buen Dios, porque precisamente es ella la que nos instruye para conocerte y hacer tu voluntad.  

Un abrazo y bendiciones.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Instrumentos en sus manos





Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. 
Mateo 24:14.


Lectura: Mateo 24:1-35.  Versículo del día: Mateo 24:14.

MEDITACIÓN DIARIA

Dentro de las señales que El Señor Jesús les advirtió a sus discípulos que ocurrirán antes de su segunda venida, está la de predicar el evangelio a todas las naciones. Al ver tanta maldad por todo el mundo y tanto odio entre la humanidad, quisiéramos que fuese ya el tiempo de esa venida pero nuevamente surge la misma pregunta de siempre, aunque enfocada desde otro ángulo: ¿Qué estamos haciendo para que esto se cumpla? Esta señal involucra a todo el pueblo cristiano y si ni siquiera como decía en el devocional de ayer, hemos sido obedientes en predicar a los más allegados, entonces mucho menos a los que están más allá de nuestro alcance.
Pienso que tenemos por delante una obligación tan grande para cumplir, que ya es tiempo de parar con la  pasividad y dar marcha al cumplimiento de la gran comisión. Estamos hastiados de guerras, de inmoralidad sexual, de libertinaje, de corrupción y de falta de amor y consideración, pero no hacemos lo que tenemos que hacer para aligerar los tiempos. Meditemos sobre lo anterior y busquemos la manera de salir de nuestro letargo para hablar a tantos perdidos y confundidos que van sin rumbo conocido y solo les espera la destrucción eterna.

Amado Señor: Gracias por tu Palabra y por enseñarnos cada día tu verdad. Queremos ser obedientes a Ti e ir a llevar tu mensaje de salvación a los cautivos por el pecado. ¡Utilízanos Señor!  Queremos ser un instrumento en tus manos.

Un abrazo y bendiciones.

martes, 26 de mayo de 2015

Jesús también llora por los nuestros




¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste! 
Mateo 22:37.


Lectura: Mateo 22:1-39.  Versículo del día: Mateo 22:37.

MEDITACIÓN DIARIA

Siempre al leer este pasaje he pensado en lo que el Señor sufrió al ver que los suyos lo rechazaban; y hoy, el Señor me hace saber algo al respecto que comparto con ustedes.
El lamento del Señor por Jerusalén es conmovedor y tiene un fondo escatológico. Por ahora como meditación solo me atrevo a entender a mi Jerusalén propia: mi vida como tal; y a la Jerusalén que habita en el corazón de los que le conocen, con Jesús tratando de dar albergue, amor, calor y abrigo, pero nosotros mismos nos encargamos de desecharlo.  En la Jerusalén terrenal caminó el Señor Jesucristo. Allí también lo humillaron y maltrataron hasta crucificarlo cruelmente; pero también allí se produjo el maravilloso milagro de su resurrección para darles vida a judíos y gentiles. Así que todo el que se acerca a Él, el que lo acepta como Señor y Salvador  goza también de su victoria. La Jerusalén espiritual tiene que llegar a todos los que creemos en la terrenal. El Señor nos ordenó ir a llevar el mensaje de salvación, empezando por Jerusalén (Hechos 1:8) ¿Cómo está tu propia Jerusalén? ¿Todavía está esperando albergar a los tuyos y eres tú quien no has permitido que ese deseo se cumpla? Mi propia Jerusalén son mis allegados más cercanos, llámese familia o amistades y no todos han escuchado el mensaje de salvación. Es mi responsabilidad que así sea y espero que cada uno de ustedes tenga el mismo sentir.
Creo que si entendiéramos la profundidad del gemir del Señor por su ciudad, comprenderíamos igualmente la necesidad de los que nos rodean de una nueva vida con Jesús. En nuestras manos está; Jesús también está llorando por todos ellos.

Amado Señor: Perdona las innumerables veces que hemos callado y no te hemos proclamado como el Salvador, Rey y Señor que eres. De verdad nos avergonzamos porque no poseemos el coraje suficiente para levantarnos y hacer sentir tu voz de compasión y misericordia para que te conozcan. Te suplicamos que pongas en el corazón de cada uno, el querer como el hacer y no solamente con palabras que te anuncien, sino con nuestra propia vida como testimonio de que vives en nuestros corazones. ¡Gracias buen Señor!

Un abrazo y bendiciones. 

Que nada nos aparte de adorar a nuestro Dios y Señor

  —No teman—los tranquilizó Samuel—, de verdad han hecho mal, pero ahora asegúrense de adorar al Señor con todo el corazón y no le den la es...