sábado, 13 de agosto de 2016

Si es necesario, sé que lo harás de nuevo Señor

La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver. Hebreos 11:1 NTV

Lectura: Hebreos 11:1-40.  Versículo del día: Hebreos 11:1.

MEDITACIÓN DIARIA

¡Ay Señor! La fe. ¿Qué sucede cuando el Señor pone a prueba nuestra fe? Pongamos el ejemplo de Abraham ante el mandato de sacrificar a su hijo Isaac. Sin embargo, él puso sus ojos en la promesa, convencido de que Dios tiene poder aun para resucitar muertos (vv. 17-18). Para nada debió ser fácil; ¡más ahí estuvo el detalle de Abraham!
Igual considero que el Señor hace con nosotros: nos da algo de lo cual nos sentimos orgullosos y felices y después viene el aluvión. Ese aluvión no es más que  el medidor de nuestra fe. ¿Creímos o no creímos en la bendición dada? Primero que todo a pesar de lo que veamos, de lo que se diga, de lo que sintamos, tenemos que tener la convicción de que el Señor no miente ni se arrepiente; lo que dijo que era, es por encima de cualquier cosa o persona que quiera interponerse. En segundo lugar aquí entra a funcionar la paciencia (Santiago 1:3).  La paciencia nos hace constantes y perseverantes. Quizá tenemos que ser persistentes en nuestra oración para que el Señor vuelva a retomar la bendición inicial. Y no quiere decir que lo segundo no sea bendición; Él sabe manifestarse de una u otra manera. Es que el Señor es autónomo y soberano, ¿quién le puede dar órdenes?
Así que de ahora en adelante, cuando el Señor ponga a prueba nuestra fe, recordemos el versículo del día. Aprendámoslo para tener con qué defendernos cuando el enemigo venga a meternos cuentos de derrota.

Amado Dios: muchas gracias porque nos enseñas a caminar por fe, más no por vista. Creemos porque Tú lo dijiste y nosotros contestamos, sí y amén. Confiamos en que Tú lo harás de nuevo si es necesario Señor. ¡Te alabamos, te bendecimos y te adoramos! ¡Tú eres Grande Señor!

Un abrazo y bendiciones.

viernes, 12 de agosto de 2016

Avancemos seguros hacia la meta

No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Filipenses 3:12.

Lectura: Filipenses 3:1-21.  Versículo del día: Filipenses 3:12.

MEDITACIÓN DIARIA

Muchas personas creen que por ser cristianos ya somos perfectos y les queda fácil criticarnos o estar pendientes de cualquier altibajo para caernos encima y señalarnos. Así no es. Los cristianos estamos en un proceso de formación cada día; por eso dice Filipenses 1:6 que el Señor irá completando la buena obra que empezó hasta el día de Cristo Jesús.
Lo importante es no dejarnos intimidar por sus palabras y continuar como nos dice aquí el apóstol Pablo: “esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí”. Esa es nuestra meta verdadera. Todo lo demás que el mundo nos critica o juzga no importa; tenemos que poner la mirada en lo que será nuestra morada eterna; en lo feliz que estaremos al lado del Señor Jesús. En saber que Él enjugará toda lágrima que brote de nuestros ojos (Apocalipsis 21:4).
Avancemos seguros hacia la meta; no nos detengamos. Ninguna alegría de las experimentadas aquí, será mayor que la que nos espera; y ningún sufrimiento o aflicción podrá aplacar esa bendita esperanza. Lo cierto es que vamos camino hacia la patria celestial. “Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (vv. 13-14 en la lectura).

Amado Señor: Muchas gracias por tu fidelidad. Gracias por la promesa de una nueva vida eterna Contigo. Gracias porque nada detendrá la marcha hacia la patria celestial. Enséñanos buen Señor a andar en integridad mientras llegamos a nuestra morada eterna y gozar por siempre a tu lado.

Un abrazo y bendiciones.

jueves, 11 de agosto de 2016

Por la mañana abrámos el corazón al que nunca nos defrauda

Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta. Salmo 5:3.

Lectura: Salmo 5:1-12. Versículo del día: Salmo 5:3.

MEDITACIÓN DIARIA

Si hay un momento especial para hablar con Dios es en las mañanas. Por eso, aunque para muchos es difícil levantarse temprano, vale la pena buscar ese tiempo para presentarnos delante de Él y hablarle con la mayor confianza y sinceridad. Decirle por ejemplo: ¡Buenos días, Papito amado! ¿Cómo estás hoy mi Señor? Ya sé Papito. Estás dolido de ver el caos mundial a causa de la indiferencia hacia ti. Tienes toda la razón. Yo quiero decirte que me perdones por no compartir lo que me has enseñado con tantos que van vagando por las calles, sin rumbo fijo. También deseo contarte que ayer fue un día maravilloso para mí. Te doy gracias por tantas bendiciones con las que a diario me consientes—.
Después de saludarlo, si entrar a comentarle nuestras preocupaciones y acordarnos de las peticiones por las que nos han pedido oración.
Yo personalmente creo, que entre más descomplicado lo hagamos, más fácil y eficiente será nuestra oración de la mañana y muy seguramente se convertirá en un dialogo perfecto. Les dejo esta reflexión para que la mediten y si les parece la tomen en cuenta para iniciar el día de la mano de quien debemos tomarla.

Amado Señor: Gracias por ser tan especial y por enseñarnos a hablarte cara a cara como al mejor Amigo del mundo. Permite que busquemos tu rostro en las mañanas antes de iniciar cualquier otra labor para tener la certeza de que iremos en el día, cogidos de tu mano ¡Gloria a Ti Señor!

Un abrazo y bendiciones.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Queremos ser tus fieles seguidores Señor

Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura. Hebreos 10:22.

Lectura: Hebreos 10:1-39.  Versículo del día: Hebreos 10:22.

MEDITACIÓN DIARIA

Dice la Escritura que mediante la sangre del Señor Jesucristo tenemos plena libertad para entrar al Lugar Santísimo (v. 19), Él nos abrió un nuevo camino, un camino que da vida, el único camino existente  (Juan 14:6). Y si ya tenemos este privilegio, nos podemos acercar a Dios con sinceridad, con  absoluta confianza de que ya estamos limpios y purificados. Y si tenemos tan hermoso regalo, no volvamos hacia atrás ni pequemos deliberadamente,  porque le estaríamos dando a entender al Señor que poco o nada nos valió su sacrificio. Dice aquí también la Escritura algo muy serio para ponerle la atención debida: que sería como pisotear al Hijo de Dios y profanar la sangre del pacto (v. 29).  Tengamos mucho cuidado porque: “¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo!” (v. 31).
Nos alienta el apóstol, con estas palabras: “Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida” (v. 39).
Sería muy bueno mirar la balanza de nuestra vida cristiana y ver cuál es el peso mayor. No está de más que hagamos un examen de conciencia y cada uno conteste sinceramente: ¿Estoy en el lado de los que dan marcha atrás, o estoy con una buena carga perseverando hasta el fin?

Amado Señor: muchas gracias porque por tu intermedio, los que ya te conocemos y hemos decidido seguir por ese camino, podemos acercarnos al trono de la gracia sin preocupación alguna, sabiendo que ya pagaste con tu preciosa sangre todo el peso de nuestros pecados. Te rogamos Señor que no nos permitas volver al mirada hacia atrás porque no seríamos dignos de Ti. Llénanos con tu Santo Espíritu para que sea Él constantemente quien nos impugne de pecado, nos levante y nos guie nuevamente hacia la senda correcta, cuantas veces sea necesario. ¡Te alabamos bendito Señor!

Un abrazo y bendiciones.

martes, 9 de agosto de 2016

Busquémoslo en la intimidad de la noche

En paz me acuesto y me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado. Salmo 4:8.

Lectura: Salmo 4:1-8.  Versículo del día: Salmo 4:8.

MEDITACIÓN DIARIA

Es muy cierto que cuando se tiene una preocupación, el sueño se va. No aparece por ninguna parte y esperamos el amanecer, dando vueltas y vueltas en la cama. ¿Pero qué es lo primero que debemos hacer cuando estamos ya listos a caer rendidos en la noche?  Leamos el versículo 4: “en la quietud del descanso nocturno examínense el corazón”. Hay que examinarnos y ver qué hay en el trasfondo nuestro que tal vez hayamos hecho mal; y si es así, pedirle perdón al Señor con la certeza de que Él nos oye, perdona y limpia (1 Juan 1:9). También nos  dice: “Sepan que el Señor honra al que le es fiel; el Señor me escucha cuando lo llamo” (v. 3 en la lectura).
A modo muy personal, considero que cuando nos desvelemos y el sueño no quiera venir pongamos en práctica este Salmo. Podemos en la quietud de la noche tener un rato de intimidad con el Señor: hablar con Él; decirle nuestra preocupación; pedirle perdón si le hemos ofendido y después decirle que nos levante y que todos puedan contemplar su rostro en nosotros, porque en definitiva, Él es nuestra fortaleza y quien a pesar de las pruebas nos da paz.

Amado Señor: No importa si las preocupaciones llegan porque en Ti tenemos al mejor Consejero, Amigo y Confidente. Gracias porque Tú lo sabes todo y no tenemos necesidad de ocultarte nuestras faltas y defectos. Siempre estás listo a perdonarnos y a mirarnos con el mismo amor de siempre. Cuando hablamos Contigo y nos quebrantamos, lo difícil se torna fácil y lo pesado, liviano. Por tu infinito amor, antes permites que la luz tuya venga a brillar sobre nosotros y valoramos lo que significa tenerte siempre a nuestro lado. ¡Alegría tan inmensa, no se puede comprar! ¡Te amamos Señor!

Un abrazo y bendiciones.

lunes, 8 de agosto de 2016

Aprendamos a ser como Él

Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte,         ¡y muerte de cruz! Filipenses 2:8.

Lectura: Filipenses 2:1-11.  Versículo del día: Filipenses 2:8.

MEDITACIÓN DIARIA

El apóstol Pablo nos manda a ser humildes y nos deja el ejemplo del Señor Jesucristo que siendo Dios, no se cogió de eso sino que por su misma humildad fue obediente hasta morir en una cruz. Pero nosotros, sin tener nada de qué ufanarnos, somos al revés. Es difícil que consideremos a los demás como superiores. El ego y el orgullo no nos dejan mirar al prójimo con el mismo amor que nos enseñó Jesús.
Gracias a Dios, estamos cada día aprendiendo por medio de su Palabra lo que Dios nos demanda y tenemos la bienaventurada esperanza de llegar a la obra completa. Esa es una promesa y Dios es fiel. El que la comenzó será el encargado de llevarla a feliz término.

Amado Señor: muchas gracias por tu misericordia; solamente porque ese es uno de tus innumerables atributos podemos tener la certeza que llegaremos a la meta como Tú deseas vernos. Mientras tanto buen Dios, pon en nuestros corazones el mismo sentir tuyo para que aprendamos obediencia y humildad. ¡Te honramos a Ti y te damos toda la gloria! ¡Gracias por tu benevolencia!

Un abrazo y bendiciones.


sábado, 6 de agosto de 2016

Mantienes en alto mi cabeza

Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo; tú eres mi gloria; ¡tú mantienes en alto mi cabeza! Salmo 3:3.

Lectura: Salmo 3:1-8.  Versículo del día: Salmo 3:3.

MEDITACIÓN DIARIA

Es tan grande la fidelidad del Señor que siempre está pendiente tanto de nuestra seguridad como de mantenernos en alto. Personalmente a lo largo de mi vida cristiana he podido ver su protección en numerosas ocasiones. Y aparte de eso compruebo que como siempre quiere mi bien, no duda en hacerme sentir de la mejor manera. Cuando soy débil y me siento defraudada por algo que no he podido lograr, vuelvo a ver su rostro sobre mí, sonriéndome y recordándome que soy hija del Rey de reyes y que no todos tienen ese privilegio. Es cuando entiendo que mi salvación y relación con mi Amado Señor, vale muchísimo más que todo el oro y la plata del mundo. ¡Él se encarga de levantar mi cabeza! ¡Gloria por siempre a mi buen Dios!
Por otro lado hay también otras promesas que vale la pena tenerlas en cuenta y que se las comparto porque sé que muchos nos encontramos a veces en esa situación. Recordemos algunas: “Sabrás entonces que yo soy el Señor, y que no quedarán avergonzados los que en mí confían” (Isaías 49:23). “El Señor te pondrá a la cabeza, nunca en la cola. Siempre estarás en la cima” (Deuteronomio 28:13). Claro, hay que tener en cuenta que Él demanda nuestra obediencia. Pero si eres hijo de Dios, tienes al Señor Jesús en tu corazón y le estás obedeciendo,  no dudes en pedirle estas promesas que nuestro Papito Dios las cumplirá.

Amado Dios: Gracias porque sabemos que tu Palabra es verdad y es ésta la que nos da el aliciente cuando decaemos y nos sentimos disminuidos. Gracias porque Tú mismo te encargas de recordarnos que teniéndote a Ti, nada nos falta. ¡Te adoramos Señor!

Un abrazo y bendiciones.

Ya tenemos las llaves de la Patria Celestial

Entonces Jesús explicó: -Les digo la verdad, el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta; solo hace lo que ve que el Padre hace. Todo l...