El Señor cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, Señor, perdura para siempre; ¡no abandones la obra de tus manos!Salmo 138:8.
Lectura: Salmo
138:1-8. Versículo del día: Salmo 138:8.
MEDITACIÓN DIARIA
Los caminos nuestros
nos son los caminos del Señor (Isaías 55:8).
Y si nuestros caminos están impregnados de espinas, es nuestra confianza
en Él, la que nos obliga a continuar porque Dios se coge de las adversidades para
enseñarnos obediencia y para continuar en cada uno la obra que comenzó: “Aunque
pase yo por grandes angustias, tú me darás vida; contra el furor de mis
enemigos extenderás la mano: ¡tu mano derecha me pondrá a salvo!” (v. 8 en la
lectura). Su propósito está unido al
andar continuo. Afrontaremos problemas, porque aquí en la tierra surgirán de un
modo u otro. “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien
de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”
(Romanos 8:28).
Personalmente
considero, que deberíamos sentirnos privilegiados cuando enfrentamos diferentes
aflicciones, porque esto quiere decir que estamos dentro de sus escogidos
dentro de los suyos; que fuimos llamados para hacer parte de su reino.
Cuando me compartieron
del Señor, me enseñaron que Dios tenía un plan maravilloso para mi vida, pero que yo no lo entendería hasta el momento
en que permitiera que Jesús entrara a mi corazón. En ese momento no comprendía
nada porque estaba alejada de Dios; el pecado nos aleja de Él. Por su infinita misericordia
el Señor me tomó y a pesar de las vicisitudes que he afrontado, siempre he
visto su mano levantarse y sacarme avante. He dicho muchas veces que la vida
cristiana es para mí un lecho de hermosas rosas; lo que pasa es que hay que
transitar por encima de ellas con la consecuencia inevitable de que sus espinas
hacen daño. Pero: —Estoy convencida
de esto: el que comenzó tan buena obra en mí la irá perfeccionando hasta el día
de Cristo Jesús —. (Filipenses 1:6). Y esa es la ilusión a la
cual nos acogemos los hijos de Dios: “Porque yo sé muy bien los planes que
tengo para ustedes —afirma el Señor— planes de bienestar y no de calamidad, a
fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).
Amado Señor: Gracias
por tu gran amor que perdura para siempre. Gracias por mirarnos con ojos de
amor y misericordia y hacernos aptos para tu reino. Gracias porque terminarás
la obra en cada uno y tu propósito se cumplirá de acuerdo al plan que nos
tienes ya delineado.
Un abrazo y
bendiciones.
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