miércoles, 5 de marzo de 2014

Por fe, lo recibimos en casa




Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—, ya que éste también es hijo de Abraham. 
Lucas 19:9.


Lectura: Lucas 19:1-10.  Versículo del día: Lucas 19:9.

MEDITACIÓN DIARIA

Zaqueo, el hombre protagonista del versículo, era jefe de los recaudadores de impuestos; los que tenían muy mala fama en ese entonces porque eran ladrones y usureros. Sin embargo, él desea ver  quién era Jesús. La multitud se lo impedía ya que por su estatura tan baja no podía y resuelve subirse a un árbol para verlo pasar. Cuando Jesús pasa por el sitio, le dice: “Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa” (v. 5), y así lo hizo.  Esto dio para que la gente murmurara y se escandalizara por haber ido a hospedarse con un pecador. Zaqueo reconoció inmediatamente que estaba obrando mal y dijo resueltamente: “Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea” (v. 8). Conoció al Señor y se arrepintió. Él estaba envuelto en un mundo de corrupción, donde imperaba el amor al dinero, pero descubrió a Aquel que puede cambiarlo, y lo acoge bajo su morada. Por eso mismo el Señor le dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.
En Zaqueo como hijo de Abraham, se resaltan las palabras de Pablo: “Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham; esta promesa no es sólo para los que son de la ley sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común” (Romanos 4:16). Ahí estaba incluido Zaqueo por la ley, pero ahí también todos los demás (gentiles).  Recibimos al Señor por fe: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe” (Efesios 2:8); “Por lo tanto, sepan que los descendientes de Abraham son aquellos que viven por la fe” (Gálatas 3:7).
Nunca es tarde para cambiar; para arrepentirse y permitirle al Señor gobernar nuestras vidas. Precisamente, el Redentor del mundo vino fue a eso: a pagar por nuestros pecados. “Vengan, pongamos las cosas en claro —dice el Señor—. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!” (Isaías 1:18).  Mediante la fe en Jesucristo nuestro Salvador, podemos decirle: ‘Sigue Señor’. Él es el único que puede transformar vidas.  Esta Palabra es para ti, permite que hoy llegue la salvación a tu casa.

Amado Señor: Gracias por permitirnos conocerte por la fe en ti, y entender que somos pecadores pero que ahora, nos has justificado con tu bendita sangre. Te pedimos por todos los que van enclaustrados en el mundo y aun no han deseado mirarte. Rogamos para que también bajen hacia ti y puedan recibirte en su casa.

Un abrazo y bendiciones.

martes, 4 de marzo de 2014

Nuestra vida en el transcurso del día




La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud. 
Proverbios 4:18.


Lectura: Proverbios 4:1-27.  Versículo del día: Proverbios 4:18.

MEDITACIÓN DIARIA

Gracias a Dios nosotros los cristianos hemos pasado de muerte a vida; de tinieblas a luz; de noche a día. Y ese día tiene que empezar desde nuestra misma entrega al Señor Jesús,  donde ya hemos sido justificados por su sangre: “será como la luz de la aurora en un amanecer sin nubes, que tras la lluvia resplandece para que brote la hierba en la tierra”. (2 Samuel 23:4). Va por etapas, en aumento. Dice el apóstol Pablo: “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu”. (2 Corintios 3:18).
Sin duda alguna, en esas etapas que van cruzando el día, tendremos tiempos borrascosos, tiempos desérticos. No importa que la lluvia nos atropelle; más bien permitiendo que todos estos tropiezos sean de gran provecho, porque nos van transformando hasta lograr el propósito de Dios en cada uno.  Sin temer el pasarlos porque: “Tu vida será más radiante que el sol de mediodía, y la oscuridad será como el amanecer”. (Job 11:17).
Debemos subir siempre por el sendero de la vida; permitir que el esplendor vaya de aumento en aumento y estar listos para  alcanzar el día perfecto. “De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo” (Efesios  4:13). En ese día, la plenitud será total.

Amado Señor: Muchas gracias por permitir que crezcamos de tal modo que nuestro esplendor vaya en aumento a medida que pasa el día. Te pedimos que nos muevas a compartir ese hermoso amanecer a todos aquellos que todavía no conocen los primeros albores de la aurora y andan en tinieblas.

Un abrazo y bendiciones.

lunes, 3 de marzo de 2014

La decisión de perdonar




Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo.  Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo”. 
Lucas 11:3-4.


Lectura: Lucas 11:1-10.  Versículos del día: Lucas 11:3-4.

MEDITACIÓN DIARIA

Nuevamente el Señor habla del perdón.  Es un tema muy trillado en todos los ámbitos cristianos, pero sin duda alguna, necesitamos que se nos esté recordando constantemente que hay que perdonar.  Hay que estar dispuestos a perdonar y saber que nos pueden ofender vez tras vez, pero que tenemos que acatar lo que nos manda el Señor.
Definitivamente el perdonar es una decisión que cada persona toma en su corazón. Digo decisión, porque no es fácil hacerlo y es como cuando se está en un paredón donde no hay estabilidad y toca tomar la decisión de mejor lanzarse que permanecer en el sufrimiento de si me quedo, me caigo. Hay en este caso que vencer  el miedo y al menos  saber que se hace, asumiendo los riesgos y así estos no sean los mejores, tener la satisfacción que la decisión fue la mejor opción.
Puede que la persona que hiere piense: ‘seguiré hiriendo porque me sigue perdonando’ o tomará nuestra actitud como tonta y anticuada, como también pueda que la valore y aprecie nuestros sentimientos y la decisión de perdonar haya tenido frutos positivos.
Como no es fácil perdonar, pidámosle al Señor que nos de la capacidad necesaria para estar siempre dispuestos a hacerlo. Los apóstoles después de escuchar esta exhortación, le dijeron a su Maestro: “¡Aumenta nuestra fe!” (v. 5).  Lo mismo tendremos que decirle nosotros.

Amado Señor: ¡Aumenta nuestra fe! Sin la fe de saber que eres amoroso y misericordioso no podemos llegar al que nos ha herido. Enséñanos a perdonar tantas veces como sea necesario hacerlo, así como lo haces Tú con nosotros.

Un abrazo y bendiciones.   

domingo, 2 de marzo de 2014

¡La Luz ha llegado!




¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado! ¡La gloria del Señor brilla sobre ti! 
Isaías 60:1


Lectura: Isaías 60:1-22.  Versículo del día: Isaías 60:1.

MEDITACIÓN DIARIA

El profeta anuncia la venida del Señor que resplandecerá como la luz del sol sobre Sión.    El Señor Jesucristo es el Verbo hecho hombre: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla” (Juan 1:4-5).
Jesús la luz del mundo, hace un llamado para el que quiera seguirle: “Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: “—Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12); Jesús: “luz que ilumina a las naciones  y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:32).
El Señor vino a alumbrar el camino de los que estábamos sin luz. El que practica el pecado es del diablo (1 Juan 3:8); mientras que el que practica la verdad viene a la luz (Juan 3:21).
El que hace lo malo aborrece la luz y el Hijo de Dios vino a destruir precisamente las obras del diablo.  Es tiempo de decidir si se quiere seguir en tinieblas o caminar resplandeciendo bajo los rayos luminosos del Señor Jesucristo para que también, el que lo recibe en su vida pueda levantarse y exclamar gozoso: ¡La Luz ha llegado a mi vida!

Amado Señor Jesucristo: Gracias por morar en los corazones de todos cuantos hemos aceptado tu luz.  Permite que resplandezcamos con rayos refulgentes que atraigan a los que andan en tinieblas, a seguir tus pasos del mismo modo que nosotros.

Un abrazo y bendiciones.

sábado, 1 de marzo de 2014

El privilegio de ser sus hijos




Hijo mío —le dijo su padre—, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. 
Lucas 15:31.


Lectura: Lucas 15:11-32.  Versículo del día: Lucas 15:31.

MEDITACIÓN DIARIA

Siempre hemos visto la enseñanza de la parábola del ‘Hijo perdido’ o más común llamada del ‘Hijo pródigo’, desde la óptica del que se va, pero regresa arrepentido.  Considero que también nos deja una gran lección lo sucedido con el otro hijo, con el que ha sido fiel y siempre está al lado del padre.
Me parece importante porque ese es el lugar que todo cristiano tiene junto al Padre celestial, y se está perdiendo de recibir las bendiciones que Él ofrece simplemente porque le falta conocimiento de su Palabra.  Ese “todo lo que tengo es tuyo” es para el cristiano, para el nacido de nuevo con el Señor Jesucristo. Somos sus hijos (Juan 1:12), y como hijos podemos pedir y seguro que nuestro Padre responderá de la mejor manera: “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!” (Mateo 7:11). Dice también el apóstol Santiago que: “No tienen, porque no piden.  Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones” (Santiago 4:2-3). Es claro. Si un niño le pide a su papá de regalo una cuchilla, seguro que no se la dará porque sabe que se haría daño; igualmente es Dios con sus hijos, sabe que les conviene y qué no.
 “¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos!” (1 Juan 3:1).  No desaprovechemos ese amor. Dios como Padre nos da un amor perfecto; un amor inigualable, un amor ágape y tenemos que aprender a disfrutar ese amor.  El mejor regalo para todo ser humano es que se le llame hijo de Dios y Cristo Jesús, es el amor perfecto que nos lleva a formar parte de la familia divina. 

Amado Padre celestial: Muchas gracias por llamarnos tus hijos. Qué hermoso saber que tenemos al mejor Papito del universo; al que siempre quiere tenernos a su lado y desea que gocemos de todos sus beneficios porque somos sus herederos. ¡Qué gran privilegio Señor!

Un abrazo y bendiciones.

Ya tenemos las llaves de la Patria Celestial

Entonces Jesús explicó: -Les digo la verdad, el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta; solo hace lo que ve que el Padre hace. Todo l...