A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 121:1-2. NVI.
Lectura:
Salmo 121:1-8. Versículos del día: Salmo
121:1-2.
MEDITACIÓN
DIARIA
Hay días que pasamos diferentes dificultades y no
entendemos. Pareciese que vemos un horizonte gris por no decir que oscuro. Ayer
fue un día de esos para mí; bueno, tengo que ser honesta y en realidad no fue
todo el día, fue en la tarde y la verdad, lo sucedido, me afectó muchísimo. Entonces,
le dije al Señor, dame un Salmo que me reconforte y el Precioso Espíritu Santo,
me llevó al Salmo 121.
Así
es; ¿de dónde más puede venir nuestra ayuda si no es del Señor? Es Él quien nos
tranquiliza, nos corrige, nos frena y en fin nos vuelve a dar paz, amor y gozo.
No dejemos que el enemigo abuse de nosotros; no le demos cabida al diablo, éste
anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).
Amado
Señor Jesús: gracias por tenerte como mi baluarte principal. Tú Eres la roca
que me protege, mi refugio, mi libertador, mi escudo y mi más alto escondite; sin
Ti, no tengo protección alguna. Eres mi Jesús, el amigo que me escucha, el amor
que nunca falla. Eres quien me guardas en la palma de tu mano para que nada ni
nadie me pueda perturbar. Toma mis cargas, mis preocupaciones; te las entrego;
hoy estoy cansada, agobiada, confundida mi Señor. Gracias, gracias Señor Jesús.
¡Te amo mi Señor y guardador!
Un abrazo y bendiciones.
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