lunes, 26 de mayo de 2014

Unidos podríamos alcanzar mucho




De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo. 
1 Corintios 12:12.


Lectura: 1 Corintios 12:1-31.  Versículo del día: 1 Corintios 12:12.

MEDITACIÓN DIARIA

¡Ay!  Si la Iglesia del Señor entendiera esto, qué diferentes seríamos.  Pero no; está tan fragmentada que es difícil hacerla una sola.  Y el problema no es que esté dividida, es que en cada congregación se susciten tantos celos y envidias.  Cabe anotar las palabras de Pablo al respecto: “Cuando uno afirma: ‘Yo sigo a Pablo’, y otro: ‘Yo sigo a Apolos’, ¿no es porque están actuando con criterios humanos?” (1 Corintios 3:4). Ahí mismo afirma Pablo, que somos inmaduros con estas actuaciones y concluye: “Por lo tanto, ¡que nadie base su orgullo en el hombre! Al fin y al cabo, todo es de ustedes,  ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el universo, o la vida, o la muerte, o lo presente o lo por venir; todo es de ustedes,  y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios” (1 Corintios 321-23).
A medida que pasa el tiempo, en nuestros países de América Latina, van llegando más almas a los píes del Señor ¡cuántas cosas podríamos hacer en cada uno de ellos si estuviésemos unidos!  Seríamos la primera fuerza para alcanzar logros en educación, vivienda, salud y hasta en la persona que regiría los destinos de cada nación.
El concepto del versículo del día, se toma muy a pecho pero dentro de cada congregación, pero no en escala mayor.  Creo que está en manos de pastores y líderes cristianos, el cambiar estas costumbres y permitir que la Iglesia del Señor actúe con cordura y amor para bien de toda la feligresía.

Amado Señor: Te pedimos perdón por no comportarnos como el cuerpo de Cristo que en verdad somos.  Enséñanos a verte a ti como la cabeza inamovible que desea que todas sus partes se compaginen de manera armónica y útil, para conseguir el verdadero desarrollo cristiano dentro de nuestras comunidades.

Un abrazo y bendiciones.

domingo, 25 de mayo de 2014

Hasta nuestro enemigo necesita amor



Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber.  Actuando así, harás que se avergüence de su conducta, y el Señor te lo recompensará. 
Proverbios 25:21-22.

Lectura: Proverbios 25:1-28.  Versículos del día: Proverbios 25:21-22.

MEDITACIÓN DIARIA

Es cierto que muchas veces sin querer tenemos enemigos; los recibimos a priori sin estar buscándolos ni tener el menor conocimiento de ellos.  Sea por A, por B, o por C, no tenemos justificación para guardar rencor en nuestro corazón. Nuestro deber es perdonar y dejar que sea el Señor mismo quien restaure el daño causado. 
No somos responsables de las heridas producidas, pero sí de las reacciones por ellas. No es fácil, pero el Señor se encargará de borrar todas las cicatrices sufridas.  Cuando lo hacemos recibimos sanidad espiritual y en muchas ocasiones sanidad física, ya que muchas enfermedades se dan por falta de perdón.
Así que si tenemos la oportunidad de brindarle al enemigo un favor, nuestro deber es hacerlo. No dudemos en tenderle la mano al que nos ha hecho daño; Dios, que no se queda con nada guardado, sabrá recompensarlo grandemente. Recordemos que hasta nuestro enemigo necesita amor.

Amado Señor: No permitas que en nuestro corazón broten raíces de amargura por falta de perdón. Enséñanos a perdonar como lo haces tú con nosotros, y a ser sensibles ante la adversidad ajena, así sea nuestro enemigo más inhumano.  Gracias Señor por aceptarnos como tus hijos amados. Renueva nuestra mente y espíritu para gozar de tus bendiciones.

Un abrazo y bendiciones.

sábado, 24 de mayo de 2014

No somos infalibles



Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer. 
1 Corintios 10:12.


Lectura: 1 Corintios 10:1-13.  Versículo del día: 1 Corintios 10:12.

MEDITACIÓN DIARIA

Pablo se dirige a los Corintios dándoles a conocer lo sucedido con el pueblo de Israel por el desierto, y exhortándolos a no caer en los mismos pecados que ellos: “No sean idólatras, como lo fueron algunos de ellos” (v. 7); “No cometamos inmoralidad sexual, como algunos lo hicieron” (v. 8); “Tampoco pongamos a prueba al Señor, como lo hicieron algunos” (v.9); “Ni murmuren contra Dios, como lo hicieron algunos” (v. 10).
Por eso nos advierte que si pensamos que nada nos hará caer, estamos equivocados. Recordemos que nuestro adversario el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).  Pero también nos anima Pablo con estas palabras: “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” (v. 13). Es indudable que Satanás se meterá hasta lo más recóndito para hacer caer al justo. La tentación puede manejarse, pero si se resbala y cae, es muy dolorosa y trae consecuencias.
Muchas veces creemos que a los demás les pasan las cosas, pero a nosotros no; que otros caerán en tal o cual pecado, pero nosotros no.  Bien nos dice la Escritura precisamente: “Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas” (Romanos 2:1). ¿Nos creemos infalibles?  De ninguna manera lo somos; podemos caer en cualquier momento; por eso hay que estar en alerta continua: “El camino del hombre recto evita el mal; el que quiere salvar su vida, se fija por dónde va” (Proverbios 16:17).

Amado Señor: No permitas que nuestro corazón se enorgullezca de conocerte y creer que somos infalibles para caer.  Antes Señor, enséñanos a conducirnos con precaución y dar pasos firmes, siendo conscientes de nuestra naturaleza pecaminosa y de nuestro enemigo, que siempre aguardarán para desviarnos del camino tuyo.

Un abrazo y bendiciones.

viernes, 23 de mayo de 2014

Coronados por el Rey de gloria




¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan.  
 1 Corintios 9:24.


Lectura: 1 Corintios 9:1-27.  Versículo del día: 1 Corintios 9:24.

MEDITACIÓN DIARIA

Cualquier deportista compite, deseando ganar.  El apóstol Pablo nos da ese ejemplo para que nosotros también corramos hacia la gloria futura y ganemos los galardones que el Señor nos tiene preparados. Si hacemos las cosas bien, obtendremos la corona de vida (Santiago 1:12); la corona de la justicia (2 Timoteo 4:8); la corona incorruptible de gloria (1Pedro5:4). 
“Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2 Corintios 5:10).  Allí la obra de cada uno se hará manifiesta y sabremos sobre qué fundamento construimos.  Ese día cada obra se mostrará tal cual es y veremos si pasa la prueba del fuego (1 Corintios 3:10-15).
¿Por cuántas coronas estamos compitiendo?  Sigamos sin desmayar.  Vale la pena mantenernos fieles y firmes construyendo sobre el cimiento sólido que es el Señor Jesucristo; siendo sus verdaderos discípulos, obedeciendo y practicando sus mandatos. Entrenando constantemente con disciplina y dedicación ya que el premio que vamos a obtener, vale muchísimo más que el mejor de los terrenales (v. 25 en la lectura).

Amado Señor: Enséñanos a ser fieles contigo persistiendo hasta el final, e insistiendo hasta el cansancio con tal de lograr el privilegio de ser coronados por el mismo Rey de gloria.

Un abrazo y bendiciones.

jueves, 22 de mayo de 2014

La adoración solo le corresponde a nuestro Dios




Pues aunque haya los así llamados dioses, ya sea en el cielo o en la tierra (y por cierto que hay muchos «dioses» y muchos «señores»),  para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos. 
1 Corintios 8:5-6.


Lectura: 1 Corintios 8:1-13. Versículos del día: 1 Corintios 8:5-6.

MEDITACIÓN DIARIA 

La idolatría es uno de los pecados que más ofende a Dios y sin embargo, si hay algo que abunde, son dioses.  El hombre se crea dioses porque sí y porque sá. Los mismos rituales llevan a hacer de un muñeco de cerámica o de un crucifijo de oro, plata, madera, bronce, etc. un ídolo (Salmo 115:4-8). Si en la iglesia católica, dicen que tal persona ya es ‘santa’, se convierte en ídolo no solo la persona, sino su pueblo natal, su casa, el camino por el que cruzó, su ropa, objetos personales, etc., y alrededor de esto se teje  un mercado persa.  Simplemente todo se convierte en idolatría “y por cierto que hay muchos «dioses»”.
Ahora no pensemos que únicamente las imágenes son objeto de este pecado; todo lo que esté por encima del nombre de Dios, se transforma en idolatría.  Para muchos, su ‘dios’ es su trabajo, sus padres, su cónyuge, su hijo, su auto, su casa, etc., etc. Cuando el maestro de la ley le preguntó al Señor por el mandamiento más importante, le ratificó lo escrito en Deuteronomio 6:4-5: “—El más importante es: “Oye, Israel. El Señor nuestro Dios es el único Señor —contestó Jesús—.  Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:29-30).
Así que no hay vuelta de hoja: o es nuestro Dios verdadero, o no lo es. Y si lo es, tenemos que amarlo de tal manera que siempre sea el primero.

Amado Señor: Gracias por haber tenido la oportunidad de conocerte y amarte como mereces. Te damos toda la honra, gloria y adoración porque solamente tú eres digno de recibirla.  Permite que en nuestro corazón no exista ningún otro ídolo que nos desvíe los ojos de ti.

Un abrazo y bendiciones.

Necesitamos un toque especial del Espíritu Santo

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