sábado, 29 de octubre de 2011

Los niños son niños

Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.
Marcos 10:14.


Lectura diaria: Marcos 10:13-16. Versículo para destacar: Marcos 10:14.


ENSEÑANZA


Ayer en la mañana cuando salí a caminar me emocionó ver diferentes rutas de colegio adornadas con bombas y festines y más aún ver a esos pequeños disfrazados unos, de animalitos o frutitas. ¡Se veían tan hermosos y tiernos! Caminando, estuve pensando en cuánta alegría despierta la inocencia y ternura que inspira un niño. El mundo dice que se celebra el día de los brujos; no sé si en todas partes se proclama el día como se le ha llamado aquí en Colombia: “día de los niños”; aunque la verdad sea dicha se le denomina más por brujos que por niños. Sin embargo como cristianos en mi concepto considero necesario, celebrarles a los niños esta fecha. No los podemos sacar del mundo en que vivimos. Si el mundo dice que hay que hacer honor a los demonios, nosotros aprovechamos la ocasión y exaltamos el nombre del Señor con esos angelitos porque de ellos es el reino de los cielos. Si el mundo los viste de brujos y demonios; nosotros los vestimos honrando la creación de Dios. Por un momento pensemos que si todos los niños van disfrazados y el hijo de un creyente legalista no lo está ¿cómo se sentirá? Será el “hazmerreir” de sus compañeritos. A los niños hay que explicarles las situaciones y hacerles distinguir entre el bien y el mal; ellos son muy precoces y lo entenderán a la perfección. No se puede cohibir a un pequeño de las cosas que como chiquillo le atañen, ni querer que caminen sobre las nubes, porque desde su infancia tienen que tener bien puestos los píes en la tierra. ¿Por qué imponerles cargas a los niños que ni siquiera nosotros somos capaces de llevar? (Lc. 11:46), ellos son eso: niños y descomplicados para actuar; su inocencia brilla en sus ojitos y en su sonrisa. Son como angelitos que empiezan a explorar el mundo en que se encuentran. ¡Dejémoslos vivir como niños!

En nuestras manos está el cambiar la percepción de lo inventando por el hombre con el fin de alejarnos de la adoración a Dios. Si el mundo dice que hay que adorar a Satanás, nosotros con los hechos decimos: “Amamos a Dios creador del cielo y de la tierra”. Deberíamos aprender la estrategia de voltear lo que no es verdad para convertirlo en instrumento de alabanza y adoración a Dios. El día de los niños se puede convertir en el día de los disfraces para los adultos también. Yo nací como cristiana en “La cruzada estudiantil y profesional para Cristo”, cuyo fundador fue el Dr. Bill Bright, tengo que decir que en ninguna iglesia cristiana he visto tanto énfasis en cumplir la gran comisión como allí. Aprendí entonces que para exaltar el nombre de Dios y llevar a otros a los píes del Señor, solo necesitábamos buscar estrategias de los mismos hechos que nos rodeaban y esto es lo que nos incumbe hacer: sin peleas, sin hablar tanto, sin fanatismo religioso, sin discusiones; solamente actuando con cordura podemos demostrar con el testimonio de nuestra vida, que nuestro amado Dios está por encima de todo.


Quizá hoy es la oportunidad de conocer a Jesús como tu Salvador. Te sugiero una corta oración para que lo invites a entrar en tu vida. Podemos orar así:


Señor Jesucristo: Yo te necesito. Te abro la puerta de mi corazón para que seas mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados; toma el control del trono de mi vida y hazme la persona que quieres que yo sea. Gracias Señor. Amén.


Un abrazo y bendiciones.

viernes, 28 de octubre de 2011

El trabajo dignifica

El que trabaja la tierra tendrá abundante comida; el que sueña despierto solo abundará en pobreza.
Proverbios 28:19.


Lectura diaria: Proverbios 28:15-28. Versículo para destacar: Proverbios 28:19.


ENSEÑANZA


Se ha creído que el trabajo surgió con la caída del hombre, pero la Biblia nos enseña que en vez de ser maldición es bendición; después de crear Dios a Adán y a Eva “los bendijo con estas palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla” (Gén. 1:28). Puso a Adán en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara (Gén. 2:15); además le colocó la tarea de ponerle nombre a todo animal (Gén. 2:19). Después de la caída del hombre se nos demuestra un panorama donde va a ser más duro ese trabajo (Gén. 3:17-19), sin embargo esto no significa que vaya en contraposición a lo creado: tiene sus incidencias pero su esencia sigue intacta. El trabajo es parte integral del ser humano y si tanto el Padre como el Hijo trabajan (Jn. 5t:17) ¿por qué el hombre le pone tanto misterio a su trabajo? Realizar una labor no solamente retribuye en calidad de vida sino que también nos permite desarrollar habilidades que quizá antes no teníamos. La mente se ocupa y se abren facultades intelectuales lo cual redundará en satisfacción por el logro obtenido. A través del trabajo aprendemos disciplina, sometimiento, responsabilidad, tolerancia, etc. El apóstol Pablo fue enérgico al afirmar que quien no trabaje, pues que tampoco coma (2 Ts. 3:10); así de fácil. El trabajo fue hecho para hombres valientes, echados para adelante, aguerridos; no para perezosos y fracasados. Dios nos va a pedir cuentas de la manera como manejamos los talentos que nos dio (Mt. 25:14-30), y el modo de administrarlos es a través de la tarea confiada.

Como cristianos tenemos que dar honor al trabajo que desarrollamos independientemente del que sea (porque el trabajo no es deshonra claro está siempre y cuando sea lícito) porque glorifica a Dios. El testimonio del creyente en su labor demandada es vital para llevar a otros a los píes del Señor. Démonos por muy bendecidos si gozamos de un trabajo y pongamos en él la excelencia que nos acredita como seguidores del evangelio de Jesucristo.


Querido(a) amigo(a) lector, si aún no conoces a Jesús como el Señor y Salvador de tu vida, permíteme presentártelo. A través de Él vas a entender y aprender quién es y lo que quiere para ti. Con una oración como ésta puedes empezar tu relación con el Señor. Dile así:


Señor Jesucristo: Yo te necesito. Te abro la puerta de mi vida para que seas mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados, toma el control del trono que hasta ahora yo manejo y hazme la persona que deseas que yo sea. Gracias Señor por venir a morar conmigo y por perdonarme. Gracias porque contigo aprenderé a llevar una vida fructífera ante tus ojos. Amén.


Un abrazo y bendiciones.

jueves, 27 de octubre de 2011

No desmayar, no rendirse

Firme está, oh Dios, mi corazón; firme está mi corazón. Voy a cantarte salmos. ¡Despierta, alma mía! ¡Despierta, arpa y lira! ¡Haré despertar al nuevo día!
Salmo 57:7-8.


Lectura diaria: Salmo 57:7-11. Versículos para destacar: Salmo 57:7-8.


ENSEÑANZA


A alguien le escuché en una ocasión decir que “para estar de píe ante los hombres, primero hay que estar de rodillas ante Dios”. Creo que el rey David fue una de las personas que aprendió a llevar su vida primero al plano espiritual, para luego trasladarla al mundo terrenal. Ante cualquier circunstancia se postraba a los píes de Dios para dejar en sus manos el asunto; sabía perfectamente que Dios actuaría y lo sacaría avante. David había aprendido totalmente a depender de Dios. A través de todos sus salmos vemos que siempre se humilló, nunca hizo alarde de su posición como rey para dejar que su corazón se envalentonara. Era el rey pero entendía muy bien que por encima estaba el Rey de reyes; era el señor de Israel, mas sin embargo su prioridad era el Señor de señores.

Aprendamos a inclinarnos ante Dios con la convicción y la confianza de saber que estamos ante el Todopoderoso, el Creador del universo, el Dios eterno, el mejor abogado que tenemos, el dueño absoluto de la vida y además dueño de todo el oro y la plata del mundo. Cobijémonos en Él como David: para él era su roca, su más alto escondite, su baluarte, su torre fuerte, su peñasco de refugio, su defensor. La vida de David no fue fácil pero siempre su corazón estuvo volcado hacia su Dios. Lo buscó en las batallas que libró; lo buscó al enfrentar a Goliat; al verse perseguido por Saúl, al sufrir la pérdida de su amigo Jonatán. Ni siquiera cuando murió su hijo por el pecado cometido con Betsabé se apartó de Dios, al contrario arrepentido fue a sus píes a implorar su perdón y con firmeza siguió adelante.

David: un hombre conforme al corazón de Dios. Que nosotros también podamos decir ante cualquier adversidad lo mismo: ¡Despierta, alma mía! ¡Despierten, arpa y lira! ¡Haré despertar al nuevo día! Sí, sea cual sea la situación, estemos firmes y con corazón dispuesto a alabar a nuestro Dios; puesto los ojos en el autor y consumador de la fe: en Jesucristo nuestro Señor, sin desmayar ni rendirnos.


Si nunca antes has decidido aceptar a Jesús como Señor y Salvador personal, hoy te invito a que lo hagas con una corta oración como ésta:


Señor Jesucristo: yo te necesito. Te abro la puerta de mi vida para que seas mi Señor y Salvador. Perdona mis pecados y hazme la persona que quieres que yo sea. Toma el control de mi vida y llévame por tu senda de acuerdo a tu santa voluntad. Gracias Señor por limpiarme y perdonarme; gracias porque sé que desde hoy en adelante podré refugiarme en tus brazos confiadamente. En tu nombre Jesús, amén.


Un abrazo y bendiciones.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Oración sincera

Escucha, oh Dios, mi oración; no pases por alto mi súplica. ¡Óyeme y respóndeme, porque mis angustias me perturban!
Salmo 55:1-2.


Lectura diaria: Salmo 55:1-23. Versículos para destacar: Salmo 55:1-2.


ENSEÑANZA


Considero que nosotros los cristianos en muchas ocasiones nos encontramos igual que David cuando escribió este Salmo. ¿Cuántos no quisiéramos desaparecer por un momento para librarnos del viento borrascoso y de la tempestad que acosa? (vv. 6-8). La clave del rey para hablarle a Dios era su sinceridad. No le escondía absolutamente nada de sus pensamientos y se desahogaba ante Él no solamente haciéndole saber de sus miedos y terrores (v. 5), sino aún le confesaba lo que deseaba para sus enemigos (v.15). ¿Por qué lo hacía? David estaba convencido que él podría engañarse a sí mismo, engañar a los demás, pero a Dios no porque precisamente como Dios, es omnisciente: lo sabe todo. Conoce nuestro corazón y lo escudriña hasta muy dentro.

Lo más triste para David según el Salmo, como también para cualquiera que lo experimente, es saber que se ha depositado la confianza en quien más se creía que le era fiel, ¡en su mejor amigo! Pero lastimosamente se engañó (vv. 12-14). Quizá en eso radicó su debilidad: el Señor nos manda a colocar solamente en Él la confianza (Jer. 17.5), porque bien sabe que como humanos podemos fallar en el momento menos esperado. El que antepone su confianza a Dios por la de una persona, muy pronto se dará cuenta del daño que le causará. ¡Es que Dios quiere que Él en todo sea primero! Y esto incluye las áreas concernientes a lo más íntimo de nuestra vida: deseos, palabras, hechos; todo debe de estar bajo su control.

Termino con la misma conclusión a la que llegó David: “Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre (v. 22). Dejemos en sus manos los afanes, traiciones, acuses, tristeza y ansiedad. Hablemos con Dios de la manera más sincera; hagámosle saber todo lo que nos atormenta no porque no lo sepa, sino porque quiere escucharlo de nuestros propios labios; quiere refugiarnos en sus brazos como el mejor Padre amoroso que es, para encargarse de enderezar lo torcido y de confundir a nuestros enemigos.


Si aún no conoces a Jesús como Señor y Salvador, permíteme presentártelo: ¡Él es el Hijo de Dios vivo! Vino a morir en tu lugar para darte vida y vida eterna. Con una corta oración puedes empezar tu relación con el Redentor. ¿Deseas hacerlo? Te puedo guiar así:


Amado Jesús: Yo te necesito. Te abro la puerta de mi corazón y decido aceptarte como Señor y Salvador personal. Toma el control de mi vida, perdona mis pecados y hazme de acuerdo a tu santa voluntad. Gracias Señor por venir a morar conmigo; gracias por perdonarme y limpiarme y gracias por darme la vida eterna en tu presencia. Amén.


Un abrazo y bendiciones.

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